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Historias de Rojas

 

1776-1890

LOS DOS GABRIEL CARRASCO

Escribe: Jorge Tomasini Freyre
jtomasinifreyre@hotmail.com

Cielito, cielo que sí
Cielito de los leales
Con el sartén por el mango
Ahora están los federales

La aventura americana de la familia Carrasco, comienza a fines del siglo XVIII cuando Francisco Carrasco, oriundo de la Villa de San Lorenzo de la Parrilla (Cuenca-España), fue reclutado según las ordenanzas reales de 1767.

La dinastía borbónica copiando el modelo francés, introdujo el sistema de reclutamiento basado en las “quintas”, denominándose así porque se exigía para el servicio de las armas una quinta parte de los jóvenes en edad militar de cada pueblo o provincia, elegidos mediante sorteo.

A Francisco le tocó en suertes ser incorporado al ejército por el término de ocho años, convocado a partir de noviembre de 1776 y destinado a regimientos de ultramar. En fecha no determinada, Carrasco arribó a la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Buenos Aires, capital del flamante Virreinato del Río de la Plata.

Se ordenó su traslado a la Guardia de Rojas, uno de los sitios más precarios y peligrosos de la pampa. Territorios disputados a pueblos originarios de América meridional, la Guardia de San Francisco de Rojas fue un sitio fortificado que integró la línea de defensa de la frontera de Buenos Aires, origen del actual partido y ciudad de Rojas.

En diciembre de 1777, el sargento mayor Diego Trillo levantó el fortín en el paraje conocido como la “horqueta de Rojas” en la confluencia del río Rojas y su afluente el arroyo Saladillo.

La guardia consistía en una empalizada de palo a pique, un foso, pozo de balde, mangrullo, corral y ranchos con techos de paja para alojamiento de las tropas. Poseía además, cuatro pequeños cañones, uno por lado, de escaso poder ofensivo pero que servía para alertar a los pobladores de la presencia de la indiada.

Allí se encontraba radicada la quinta compañía de Blandengues, que según Juan Jorge Cabodi (Historia de la ciudad de Rojas hasta 1784), era la única que tenía completa su dotación constituida por cien hombres de tropa, cuatro sargentos, un tambor, ocho cabos, capellán y ochenta y siete soldados.

La oficialidad formada por un Capitán (comandante), un teniente y un alférez. El primer capellán Fray Antonio de Santa María, permaneció por escaso tiempo, siendo reemplazado por Fray José Borda de la Orden de La Merced. Había ingresado al cuerpo de Blandengues como capellán en 1775, destinado a la guardia del Salto, en 1780 se lo designó capellán en Rojas donde prestó servicios por espacio de 18 años.

Debido a frecuentes inundaciones el poblamiento fue trasladado al otro lado del arroyo en tierras más altas, el que sería asentamiento definitivo de la ciudad.

En 1781 la línea de fortificaciones comprendía los denominados fuertes de Chascomús, Ranchos, Lobos, Navarro, Luján, Areco, Salto, Rojas, Mercedes y Melincué, este último bajo la jurisdicción del cabildo de Santa Fe.

El cuerpo de blandengues era una fuerza de caballería constituida por paisanos y gauchos destinadas a custodiar las zonas de frontera con la indiada, e igualmente para contener las incursiones de los portugueses en la Banda Oriental.

En 1752 se crearon tres compañías que revelaron más una expresión de deseos que una realidad cotidianamente vivida.”La Invencible” destinada al fuerte del Salto, “La Valerosa" en Luján y “La Atrevida” en el fortín del Sanjón. Estas compañías recibieron el nombre de “blandengues”, según afirma Félix de Azara, al momento de presentar armas (lanzas) en la revista presidida por el Gobernador José de Andonaegui.

El virrey Vertíz diseñó el uniforme de los blandengues: sombrero negro con galón blanco, casaca corta y ancha de color azul, collarín, solapa y calzón rojo para los oficiales y suboficiales hasta el grado de cabo.

Los soldados seguirían vistiendo según los usos de los paisanos de la campaña. Pero en la práctica, como el uniforme y las cabalgaduras debían costearse por los milicos, en muchas ocasiones las ordenanzas del virrey quedaron en los papeles.

El Jesuita Florián Paucke, cuenta que los jefes de los destacamentos no se diferenciaban en nada de sus subordinados, jugar a los naipes, comer y beber mucho, blasfemar los sabían tanto el oficial como el simple soldado. Sus vestimentas eran similares, y a veces, solían distinguirse los oficiales por la mejor calidad de sus pilchas.

El capitán de navío, Juan Francisco Aguirre, comenta que los blandengues, hijos de la tierra, excelentes jinetes de poca disciplina, se acomodaban mejor al uso de la lanza, bolas y lazo que a las armas de fuego.

Cumplido el servicio militar, Francisco Carrasco, contrajo matrimonio con Rosalía Dávila de quince años de edad e hija de Eusebio Dávila y Mónica Castellano, pobladores del Pago de Arrecifes. Eusebio fue designado alcalde de esta última población, y al parecer, era propietario de una pulpería, en 1789 fue procesado por vender tabaco en rama sin estar autorizado para dicho negocio.

Francisco, como otros pobladores, se dedicó a la cría de ganados, por lo que frecuentemente viajaba a Buenos Aires, donde a precios módicos, adquiría a los clérigos vacunos, becerros y caballos que provenían de los diezmos con que los pobladores contribuían al sostenimiento de la Iglesia.

Con el fin de incrementar los ingresos familiares compraba tabaco del Paraguay a contrabandistas que lo introducían en Santa Fe, naturalmente a un precio inferior al impuesto por la corona mediante el privilegio del “estanco”.

El estanco era un gravamen establecido por el régimen colonial para monopolizar el comercio del tabaco, naipes y otras mercancías. Con grandes sacrificios, acompañado de su hijo Gabriel, marchaba de Rojas hacia Santa Fe, en cuyas costas cercanas al puerto adquiría el tabaco, que luego cargaba en embarcaciones livianas transportándolo por el Paraná hacia Buenos Aires.

Este peligroso pero lucrativo negocio, lo mantuvo hasta 1810, año en que el primer gobierno Patrio derogó el mencionado monopolio, decretando la libre comercialización.

Según Irma Ojer (historias de Rojas), Francisco Carrasco era propietario de tierras otorgadas en tiempos del Virrey Cisneros. Años después, Gabriel Carrasco aparece entre quienes recibieron tierras en virtud de la ley de enfiteusis de Rivadavia.

Cuando Rosalía Dávila falleció en la villa de Luján, era propietaria de una esclava parda de nombre María Carrasco, una estancia en Rojas, una quinta de una cuadra cuadrada en dicha población, dos inmuebles en Buenos Aires y terrenos de estancia situados frente al río Arrecifes.

La vida cotidiana en la frontera, naturalmente era dura, y obligaba a una permanente vigilia en épocas en que los ataques indígenas eran frecuentes. Sin embargo la guerra no fue la única relación entre las sociedades indígenas y criollas.

Durante los relativos períodos de pacificación, existió una intensa comunicación y comercio; con frecuencia se veían llegar a los fortines partidas de indios trayendo ponchos, mantas, pellones, cueros de tigre, plumas de ñandú, que intercambiaban por yerba, tabaco, lomillos chapeados y otras mercancías.

El capitán Alexander Gillespie, prisionero durante las invasiones inglesas, nos ha dejado una colorida descripción de un grupo de indios que entró a comerciar en la población de Salto.

Ataviados con sus mejores galas, montando espléndidos caballos y presididos por un capitanejo, anunciaban su visita al comandante del fuerte. Luego de la correspondiente autorización, a veces custodiados por dos blandengues, y al modo como lo hacen hoy los artesanos en nuestras plazas, desplegaban a la vera de las mal trazadas calles de los poblados sus géneros mercantiles.

La presencia de mujeres y pulperos en los fortines acrecentaba dicho comercio .El sexo femenino en dichos establecimientos, era considerado como fuerza efectiva de los cuerpos, que aparte de las actividades domésticas, rivalizaban con los milicos más diestros en el arte de amansar un potro o bolear ñandúes.

Era la alegría del campamento y señuelo que contenía en gran parte las deserciones. Sin esas mujeres la existencia en los fortines hubiese sido imposible. Para Alfredo Ebelot (La Pampa-Eudeba 1961) eran gauchos con faldas, tenían las mismas virtudes y defectos de los paisanos, además, eran hábiles en el uso de las chuzas y armas de fuego.

Cuenta el mencionado autor, que cuando se fundó el fuerte de Santa María de Guaminì, el comandante coronel Marcelino Freyre, dispuso que un destacamento escoltara a las mujeres de los soldados que eran conducidas en varias carretas. El convoy fue atacado por un grupo de indios, y no teniendo el oficial a cargo, suficientes soldados para prevenir que la caballada fuese tomada por los atacantes, encargó dicha misión a las mujeres.

Aprovechando que en los transportes se llevaban uniformes para los milicos, les ordenó vestirse con las prendas militares, bombachas, chaquetilla azul, ocultando sus largas cabelleras bajo el reglamentario quepís. Simulando ser soldados, armadas de revólver y cuchillos, lograron el objetivo y la carga fue exitosamente rechazada.

Según Roberto Marfany, en 1781 Rojas no superaba los 325 habitantes, y hay registros documentales de la presencia de más de 80 mujeres, las que en concepto del despechado alférez Jorge Pacheco, a excepción de algunas, la mayoría eran de mal vivir.”Malaya el que se fíe de las mujeres” había exclamado en plena Guardia de Rojas. (Carlos Mayo-Amalia Latrubesse-Terratenientes, soldados y cautivos la frontera 1736-1815).

Sin embargo, mayoritariamente estas mujeres constituían matrimonios estables, como lo demuestran los registros parroquiales, de las 54 integrantes de la división “Invencible” 33 eran casadas. No faltaban las que tenían relaciones amorosas más liberales y que daban lugar a todo tipo de pleitos.

Las diferencias raciales generalmente no eran impedimento para estas uniones, y en ocasiones estos amores de frontera provocaban algún escándalo social, como el caso del oficial de blandengues Juan Ramón González Balcarce, enamorado apasionadamente de la mulata Victoria Pereyra Mariño residente en Luján.

El militar mencionado que años después fue designado gobernador de Buenos Aires, durante las invasiones ordenadas por el Directorio a Santa Fe, en represalias a sus derrotas, incendió el poblado de la Capilla del Rosario en 1819. Curiosamente una de las principales calles de nuestra ciudad lleva su nombre.

Algunas diversiones populares amenizaban la difícil vida de la frontera, las fiestas patronales, los fandangos y las infaltables pulperías, donde pese a las prohibiciones, la gente se entretenía jugando a las cartas, la taba, la riña de gallos o las carreras cuadreras.

Ariel Labrada (Historias de Rojas) nos informa que la primera pulpería de Rojas perteneció al constructor del fuerte, el Sargento mayor Diego Trillo.

Por 1781 menciona las pulperías “Del Catalán” y la de Andrés Martínez en inmediaciones del fuerte. La de Amores situada en la planta urbana que fue destruida por un tornado en 1816. En este ambiente se desplegaba la vida de la familia Carrasco, y Francisco como soldado del regimiento de blandengues no dejó de participar en numerosos enfrentamientos con los indígenas, sirviendo bajo las órdenes del capitán Juan Antonio Hernández, el teniente José Peralta y el alférez Luciano Martínez de Fontes.

Este último en 1794 fue ascendido al grado de capitán, designado comandante del fuerte de Rojas, en 1807 protagonizó un episodio que conmocionó la opinión pública del virreinato. Fue acusado de complicidad, junto al comandante de fronteras Antonio Olavarría y otros, en el plan de independencia y/o fuga del general Beresford y del teniente coronel Denis Pack, prisioneros en Luján luego de la reconquista de Buenos Aires en agosto de 1806.

El comandante del fuerte de Rojas, había sido comisionado por el Cabildo para escoltar a los prisioneros británicos hasta un paraje cercano a la jurisdicción de Córdoba, desde donde debían ser conducidos e internados en la provincia de Catamarca. Entregó a los detenidos al capitán del regimiento “Patriotas de la Unión” Saturnino Rodríguez Peña, en virtud de una supuesta orden verbal de Santiago Liniers.

Rodríguez Peña era partícipe de los planes de Francisco Miranda, del primer ministro Williams Pitt (el joven) y de Sir Home Riggs Popham, de emancipar las colonias españolas de América, con la intervención armada y protección del Gobierno Británico.

Rodríguez Peña no estaba solo en este intento, un grupo de patriotas alentaban estos planes, así lo señala Cornelio Saavedra en carta dirigida a Juan José Viamonte en junio de 1811. Las vinculaciones de parentesco y de trato entre las familias Martínez de Fontes, Olavarría y Rodríguez Peña, fue motivo de sospechas y de la iniciación de un proceso que culminó años después con el sobreseimiento de los imputados, a excepción de Saturnino Rodríguez Peña y Aniceto Padilla que huyeron junto a las jefes británicos.

En 1796 nació el primogénito de la familia de Francisco Carrasco y Rosalía Dávila: Gabriel, siguiéndole en orden sucesorio sus hermanos, Francisco, Dominga, Catalina, Carlos, Atanasio, Ezequiel y Genara

Desde corta edad se acostumbró a las faenas propias del campo, tales como, sembrar, segar, construir y techar ranchos, bolear, enlazar y domar potros.

Domingo de Oro dice que el hijo del paisano y del gaucho comienza a montar a caballo antes de saber andar a pié. Cuando tiene siete u ochos años de edad ya es jinete, que quiere decir que maneja diestramente su cabalgadura, y aún muy joven participa de las tareas camperas, que comprenden el uso del lazo, el cuchillo y las boleadoras.

Gabriel con diez años de edad, se desempeñó como postillón en una posta ubicada en cercanías de Rojas, debiendo abandonar el oficio después de sufrir una fuerte insolación. Sin embargo, su padre Francisco, trató de proporcionarle la mejor educación posible, y lo envió a estudiar a Buenos Aires en casa de su primo José Algarra donde aprendió a leer, escribir, y realizar las operaciones fundamentales de aritmética.

El matrimonio Algarra pensó encaminar al joven Carrasco en la carrera del comercio, por lo que gestionaron su acomodo en la casa de negocios de Santa Coloma, pero su padre determinó que Gabriel lo acompañara en sus emprendimientos.

Francisco falleció en 1819, debiendo su primogénito ocuparse de los intereses familiares, logrando en poco tiempo un notable prestigio personal entre los vecinos. Por aquella época, el Congreso de Tucumán que se había trasladado a Buenos Aires, en abril de 1819 sancionó una Constitución Nacional de carácter unitario, que según algunos autores, preveía la instalación de un régimen monárquico en el Río de la Plata.

Ello constituyó una afrenta para los gobernadores del litoral, quienes celosos de las autonomías provinciales, decidieron llevar la guerra al Congreso y al Directorio.

Rondeau a cargo del ejecutivo recurrió a la movilización de las milicias y enfrentó a las fuerzas coaligadas en la Cañada de Cepeda, resultando totalmente derrotado en febrero de 1820. Posiblemente en dicha batalla participó Gabriel Carrasco, ya que por indicación de su madre Rosalía Dávila, se incorporó a las fuerzas comandadas por Estanislao López, y según las notas biográficas de Eudoro Carrasco, lo hizo para proteger los ganados de las depredaciones de los montoneros.

No sabemos cuánto tiempo estuvo al servicio del gobernador de Santa Fe, pero al parecer no se encontraba en Rojas, cuando en diciembre de 1820, José Miguel Carrera enemistado con los caudillos federales y en alianza con parcialidades ranquelinas, atacó con alevosía el poblado y fuerte de Salto, destruyéndolo totalmente, asesinando a sus hombres y llevándose más de 250 cautivos entre mujeres y niños.

En noviembre de aquél año, como prólogo de este atentado, unos 160 indígenas avanzaron sobre Rojas asaltando chacras, arreando haciendas, caballadas y tomando cautivos. Sin embargo el comandante de la Guardia, Lizardo González, se refugió en una quinta y con el esfuerzo de soldados y pobladores pudo rechazar a los atacantes.

En principio, no consta la intervención de Gabriel Carrasco en estos acontecimientos, pero es posible que haya combatido al lado de sus vecinos. Justamente estos últimos recomendaron a Carrasco, cuando el gobernador Martín Rodríguez en virtud de las reformas introducidas en la organización judicial y administrativa de la provincia, debió proveer a la designación de los primeros jueces de paz.

El 22 de enero de 1822, por decreto del gobernador, Carrasco fue nombrado como titular del juzgado con asiento en su pueblo natal, y cuya jurisdicción abarcaba la totalidad del Partido de Rojas que simultáneamente se creaba con este nombramiento.

Por entonces las facultades de los jueces de Paz de campaña eran muy amplias. Constituían la primera autoridad civil, y como tales representaban al gobierno provincial, y aparte de las funciones judiciales en materia civil, criminal y de policía, otorgaban ante testigos escrituras públicas, efectuaban mensuras y amojonamientos, levantaban padrones, velaban por la tranquilidad pública dictando bandos y edictos destinados a ordenar las costumbres de los pobladores.

Cumplido su mandato, se traslado a Buenos Aires, donde en 1823 contrajo enlace con Andrea Sánchez, hermana menor de Agustina Sánchez de Algarra. Para no exponer a su esposa a los peligros de la frontera, se estableció en Buenos Aires con un negocio de pulpería que no prospero, pero no descuido sus intereses en el campo.

En setiembre de 1824 nació su primogénito bautizado con el nombre de Ángel de los Dolores, conocido familiarmente como Eudoro. Fueron sus padrinos el general Juan José Viamonte y su esposa Bernardina Echevarría, matrimonio de íntima amistad de la familia Carrasco.

Viamonte fue un distinguido militar y político, que luchó durante las invasiones inglesas y luego en las guerras de la independencia. Intervino en los sucesos de mayo de 1810, y ocupó la gobernación de Buenos Aires en diversas oportunidades.

En 1815 al frente del ejército de observación invadió Santa Fe, pero fue derrotado por las fuerzas federales organizadas por Mariano Vera y Estanislao López. Cuando se dispuso implementar una nueva línea de fortines en la frontera, Viamonte recomendó al gobernador Dorrego a su compadre Carrasco como experto en el conocimiento de las poblaciones y terrenos del norte de la provincia.

En tal carácter le fue presentado al hacendado y comandante de campaña, Juan Manuel de Rosas a fines de prestar colaboración en la empresa mencionada.

Gabriel Carrasco tenía experiencia en estas faenas, en años anteriores había prestado eficiente colaboración al Barón de Holmberg, en la reconstrucción de los fuertes de Salto, Rojas y Pergamino.

En 1829 el panorama político del país era complejo debido a renovados enfrentamientos entre unitarios y federales.

Tras la caída de la presidencia de Bernardino Rivadavia y la disolución de la unidad nacional, el jefe del partido federal, Manuel Dorrego, fue electo Gobernador de Buenos Aires. Sin embargo, una alianza de los unitarios porteños con jefes militares que habían participado en la guerra contra el Imperio del Brasil, lo derrocó en diciembre de 1828. Días después, Dorrego era vencido en la batalla de Navarro y fusilado por orden del general Lavalle.

Rosas comandante del ejército de campaña, buscó el apoyo del gobernador de Santa Fe Estanislao López, quienes obligaron a retroceder al jefe unitario que había invadido la mencionada provincia. Eligió como punto estratégico para organizar la defensa, el Puente de Márquez sobre el río Reconquista.

La batalla del mismo nombre fue una victoria de los federales, Rosas sitió a Lavalle, y tiempo después, tuvo que acordar un tratado de paz, proceso que en definitiva termino cuando el propio Rosas fue electo gobernador de Buenos Aires.

Carrasco participó en todos estos acontecimientos. Como caudillo de Rojas reclutó más de cuarenta vecinos que se incorporaron a las fuerzas de Rosas. Este último Jefe, lo integró a las mencionadas milicias, asignándole el grado de capitán y confiándole el mando de un escuadrón.

Posteriormente lo designó comandante militar del Partido de Rojas y lo ascendió como sargento mayor agregado al regimiento Nº 4 de campaña, en recompensa a sus servicios.

Sin embargo, Carrasco no era afecto a la carrera militar, por lo que solicitó su baja del servicio activo para retornar a sus trabajos rurales. No fue posible, Rosas le contestó: “Nada habríamos hecho amigo, con vencer en la batalla, si los hombres patriotas me abandonan, para dejar que los unitarios cobren nuevas fuerzas. El precio es que los hombres de bien como Ud. me ayuden “

Carrasco era ferviente partidario de las tendencias federales, sus contactos frecuentes con el caudillo porteño, lo llevaron a mantener una relación personal de fidelidad y respeto, que Rosas nunca desconoció y supo corresponder.

En circunstancias en que se temía por la suerte corrida por Gabriel en la batalla de Puente de Márquez, Encarnación Ezcurra de Rosas, a solicitud de Agustina Sánchez de Algarra, se ocupo personalmente de averiguar su destino y llevar tranquilidad a la familia .

Con motivo de su participación con el destacamento de Rojas, bajo el mando del Coronel Hilario Lagos en la batalla de Loreto, un decreto firmado por Rosas le otorgó una medalla de oro y una legua de campo.

En1827 el por entonces gobernador Manuel Dorrego, designó como juez de paz, a Francisco Carrasco, hermano de Gabriel, quién con algunos intervalos ocupó el cargo hasta el año 1835.

Cuatro años antes, Francisco integró la comisión que procedió al reparto de solares en el pueblo de Rojas, por decreto firmado por Rosas y su ministro Anchorena. Gabriel figura también entre los pobladores que recibieron tierras en virtud de la ley de enfiteusis de Rivadavia.

Entre los años 1833 y 1834, al concluir su primera gobernación, Rosas emprendió su estudiada campaña al Río Negro, financiada por la provincia y hacendados bonaerenses, preocupados por las constantes incursiones aborígenes sobre sus propiedades.

Gabriel se ofreció para acompañarlo, pero Rosas rehusó la propuesta, ya que desconfiaba del accionar político del nuevo gobernador Juan Ramón Balcarce .Le manifestó que los buenos federales debían quedar para mantener el orden, si los unitarios intentaban interrumpirlo.

En efecto, Balcarce que había comenzado su gobierno como continuación de la política de Rosas, por influencia del ministro Enrique Martínez Fontes, fue distanciándose de dicha posición para alentar, a los federales cismáticos o “lomos negros” y oponerse a los “apostólicos” o federales netos, fervientes partidarios del ex gobernador.

Los cismáticos, enviaron delegados a efectos de sobornar a jueces de paz y comandantes de campaña, a cambio de apoyo político y militar. Carrasco rechazó con energía estos intentos, pero en ningún caso, reveló los nombres de quienes operaban en ese sentido.

El comandante de Rojas, dependía por entonces del coronel Vicente González, amigo íntimo de Rosas y jefe del regimiento 3º de caballería con asiento en la guardia del Monte. Su prominente nariz le valió el apodo de “carancho del monte”, que el también aceptaba, e incluso cuando estaba de buen humor se hacía llamar “su majestad caranchísima”.

Rosas y su hija Manuelita fueron padrinos de bautismo de su hijo Juan Vicente. Pacheco y González, según Ernesto Quesada, eran unos de los pocos oficiales que se tuteaban con Rosas, y se permitían chanzas en sus conversaciones o correspondencia.

En 1819 se incorporó con el grado de capitán al denominado regimiento “Colorados del Monte” base militar y política del régimen rosista, que tuvo un papel importante en la campaña coordinando la oposición al gobernador Balcarce, quien renunció al cargo luego de la revolución de los restauradores.

No sabemos si Carrasco intervino personalmente en estos sucesos, pero no caben dudas, que estaba en permanente comunicación con el comandante de la Guardia del Monte, encargado entre otras cuestiones, de vigilar en concurso con Encarnación Ezcurra y recurrentes amigos, los movimientos de los unitarios y los cismáticos.

Hacía llegar a los comandantes de campaña, instrucciones precisas respecto al modo de proceder políticamente en las reuniones públicas, especialmente en las pulperías. Dichas instrucciones o consejos eran redactadas por escrito por el propio Rosas.

No debe olvidarse que la ascendencia de este último sobre la gente del campo, constituyó su instrumento político y militar más importante. Rosas era de la clase de hacendados que administraban personalmente sus estancias, estaban en permanente contacto con los peones, capataces, milicos y gauchos en general. En gran parte, se identificaban con estas clases populares, vestían sus trajes, realizaban las mismas faenas y destrezas, usaban su lenguaje y costumbres. Como en el caso de Gabriel Carrasco, hablaban, pensaban y obraban como dirigentes naturales del hombre de campo.

Una de las causas del fracaso del general Lavalle cuando en 1840 desembarcó en San Pedro, con intenciones de avanzar sobre Buenos Aires, fue la escasa adhesión de la gente de la campaña.

Pedro Lacasa ayudante de campo de Lavalle, dice que la columna libertadora en su camino hacia la población de Merlo, solo controlaba el terreno que pisaba .Lo confirman las expresiones del propio Lavalle en cartas dirigidas a su esposa Dolores. Correa.

Por entonces Gabriel se incorporó a las fuerzas de Cayetano Laprida, e hizo toda la campaña contra Lavalle desempeñándose como ayudante de campo del General Ángel Pacheco y haciéndose acreedor a distinciones y condecoraciones militares.

Carrasco era hombre de confianza de Pacheco ya que éste último se desempeñó como comandante de campaña con asiento en el fortín de Salto.

En 1830 un numeroso malón invadió el sur de la provincia, ambos jefes acudieron a reprimir a los pampas obteniendo una importante victoria sobre el Salado en abril de aquél año.

Carrasco participó en las batallas de Quebracho Herrado, Sancalá y Rodeo del Medio. En Uruguay, bajo las órdenes de Oribe, combatió en la cruenta batalla de Arroyo Grande y luego en el sitio de Montevideo.

A consecuencias de una angina de garganta falleció en Peñarol en mayo de 1844, siendo sepultado en la capilla del lugar. Sus restos fueron repatriados por disposición de su madre Rosalía Dávila, con el fin que descansaran en su pueblo natal, ignorando Eudoro Carrasco esta situación que le ocasionó un gran disgusto familiar.Como primogénito entendía que esa tarea a él le correspondía.

De inmediato oficio al Juez de paz de Rojas con el objeto de obtener autorización para trasladar los restos de su padre a Buenos Aires, que hasta entonces se hallaban depositados en la capilla del pueblo. Escaso de recursos, en carta fechada el 28 de julio de 1849, solicitó al gobernador los auxilios necesarios para sepultar dignamente las cenizas de su padre.

Rosas se ocupó personalmente de la petición, ordenó que el jefe de policía le entregase gratuitamente y a perpetuidad un boleto de sepultura en el cementerio norte (Recoleta), poniendo a su disposición un coche oficial y demás elementos de la ceremonia.

Su hijo Eudoro y su nieto Gabriel nativo del Rosario, fueron notables personalidades de la historia nacional y ciudadana. Eudoro porteño de nacimiento fue empleado en la imprenta de Pedro De Angelis y en la escribanía de Rosas, federal convencido combatió en Caseros, donde fue hecho prisionero

Posteriormente se trasladó a Rosario a bordo de la goleta “Manuelita”, llegando a la naciente urbe cuando contaba con 30 años, junto con su esposa, doña Eufemia Benítez.

En diciembre de 1853 abrió una casa de comercio con el Dr. Bernardo de Irigoyen, quien fue su socio capitalista. El establecimiento funcionaba en la residencia que había pertenecido al coronel Martín Santa Coloma, uno de los Jefes principales de la victoria argentina en la batalla de la punta del Quebracho o Quebrachito, contra las fuerzas anglo-francesas que habían invadido las aguas territoriales de la Confederación.

Posteriormente se alojó en dicha propiedad, Domingo Faustino Sarmiento, con la prensa volante del Ejército Grande rumbo a Caseros.

Eudoro, en Buenos Aires, estableció una imprenta en sociedad con cinco tipógrafos para editar el diario El Agente Comercial del Plata, que luego cambió su título por los Debates redactado principalmente por el coronel Bartolomé Mitre.

Pronto Carrasco le dio a la tienda en Rosario, el carácter de librería y tipografía, la denominó La Fama, y a comienzos de 1856, le agregó una imprenta donde editó el periódico El Comercio.

En Rosario diseñó el escudo Municipal, como periodista fundó “El Comercio”, y en 1867 junto a Ovidio Lagos “La Capital”, como historiador fue coautor con su hijo Gabriel de “Anales de la Ciudad del Rosario de Santa Fe” obra fundamental del pasado rosarino.

En esa ciudad ocupó numerosos cargos públicos, fue Juez de Paz, secretario del primer Tribunal de Comercio, capitán de Guardias Nacionales, Jefe Político sustituto, presidente de la Comisión Nacional de Inmigración y diputado provincial de Santa Fe en varios períodos, a la vez Presidente del Banco de la Provincia.

Casi todas funciones prestadas en forma honoraria. Entre 1871 y 1873, se desempeñó en calidad de oficial primero de la Jefatura de Policía. Fue fundador del diario El Sol que se publicó entre 1871 y 1873.

Entre otros trabajos históricos, fue autor de estudios acerca de la Historia de Santa Fe, desde Garay hasta las guerras civiles. A su iniciativa, se debe la organización del primer archivo de los tribunales de Rosario, del cual fue su primer Director, y de la idea de crear un Museo histórico, obra que se concreto muchos años después.

Pero fue quien dio los pasos iniciales, reuniendo en el archivo y en su biblioteca personal, numerosos documentos, raros ejemplares bibliográficos, óleos, grabados, y una colección excepcional de impresos referidos a Rosario (muchos de ellos se conservan en el actual Museo Histórico Provincial de Rosario “Dr. Julio Marc).

En la casona propiedad del coronel Martín Santa Coloma- ejecutado por orden de Urquiza después de Caseros- ubicada en la esquina noroeste de las calles Santa Fe y Laprida frente a la plaza “25 de Mayo”, nació Gabriel Carrasco el 28 de noviembre de 1854.

Nieto, como señalamos del Primer Juez de Paz de Rojas, y luego Comandante militar del Departamento con asiento en el fuerte de aquella población, Bautizado en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, fueron sus padrinos, el Dr. Bernardo de Irigoyen y doña Mercedes Carrasco.

Fue, pues, el primogénito, y conservó el privilegio de ser el único hijo hasta los seis años, cuando nació en 1860 su hermana Agustina, y más tarde Andrea Guillermina y Fortunata Mercedes.

El hecho de ser el único varón lo unió profundamente a su padre. Esta relación se incrementó a partir de 1871, fecha en que, prematuramente a los cuarenta años, falleció su madre Eufemia a consecuencias de una rápida dolencia. Eudoro, contrajo segundas nupcias en 1877, con Ester Luna Plaza, matrimonio con sucesión, en 1878, nació Manuel Alejandro, y en 1880 Ángel Eduardo.

Gabriel, se recibió de abogado en 1879, cursando en las cátedras de jurisprudencia, inauguradas en el Colegio Nacional de Rosario, quedando habilitado para el ejercicio de su profesión, luego de rendir los correspondientes exámenes ante el Supremo Tribunal de Justicia de Santa Fe.

A los veintidós años, Gabriel contrajo matrimonio con Isabel Martínez, de veinticuatro, siendo padrinos de la boda el periodista Federico de la Barra (Fundador del primer periódico de Rosario La Confederación) y Doña Luisa Martínez de Ibarlucea. .

La joven Isabel descendía, por vía paterna de una antigua familia cordobesa. Su padre Regis Martínez, fue convencional Constituyente en 1853, primer Senador nacional por Córdoba y Director de Postas y Correos de la Confederación Argentina durante la presidencia de Santiago Derqui. El matrimonio procreó numerosa descendencia: Isabel, Eudoro. Gabriel Alberto, Eufemia, Helena, Horacio Santiago, Oscar Claudio y Saulo Arturo.

El aspecto físico de Gabriel era similar al de su padre, era delgado y alto. Usaba grandes gafas montadas sobre sus narices, además eran características sus pobladas patillas.

El Dr. Juan Álvarez que lo conoció y trató personalmente, consideró que éste dio siempre la sensación de ser el hombre indicado para el cargo al que se lo destinaba.

Sencillo, probo, ilustrado, de paciencia benedictina y espíritu afable. Fue un arquetipo de la llamada generación del 80, eminente científico propulsor del progreso argentino y autor de innumerables trabajos.

Ocupó el cargo de Intendente de su ciudad natal, diputado, convencional y ministro de Hacienda e Instrucción Pública en Santa Fe. Fue Director del primer Censo de la Provincia, y del Segundo Nacional, obras de extraordinaria importancia cuyos trabajos preliminares y posteriores de Gabriel Carrasco exceden el propósito de esta nota.

Fue miembro de número de la Junta de Historia y numismática americana, del Instituto Geográfico Argentino y correspondiente de numerosas academias del exterior.

Dice Miguel Ángel De Marco (h): Este liberal de la generación del ochenta sostenía que el progreso debía ser integral, para todos y no para unos pocos. Por eso el objeto de la economía política, debía ser el estudio de la producción y riqueza, con el fin de distribuirla equitativamente entre todos los hombres “que por el hecho de serlos, deben tener asiento reservado en el banquete de la vida”.

Carrasco residía por aquella época en Buenos Aires, debido a la creación de la Oficina Demográfica Nacional y por su cargo de Oficial Mayor del Ministerio del Interior. Falleció en dicha ciudad, el 5 de junio de 1908 a la edad de 52 años.

La prensa del país le tributó emotivos homenajes. Entre otros, dijo El Mensajero: Un talento preclaro, uno de los principales factores del progreso material, estético e intelectual de esta provincia en todas sus formas.”Habrá hombres de la talla moral de Carrasco, mejores no. Era la encarnación de la honradez. Era fecundísimo y producía sin cesar, sin un minuto de descanso. Era un alma blanca e inmaculada”.

En Rosario una escuela, un hospital, una calle y el propio salón principal de la Municipalidad llevan su nombre. A Rojas le cabe también ser cuna de importantes figuras de nuestra cultura , entre ellas, no podemos dejar de mencionar a Ernesto Sábato, gloria de las letras Argentinas, Americanas y Universales.

Jorge Tomasini Freyre
jtomasinifreyre@hotmail.com

Bibliografía
-Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas- Biografía de Eudoro Carrasco-Nº 33-Buenos Aires 2008
-De Marco Miguel Ángel (h)-Gabriel Carrasco-Editorial Municipalidad de Rosario-1996
- Labrada Ariel- Oger Irma- Jué María Josefina y otros- Historias de Rojas
- http://www.taringa.net/posts/imagenes/7012233/Fotos-de-Rojas-Prov-de-Buenos-Aires-Por-Lil

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© CiudadRojas, enero de 2010.