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Historias de Rojas

1920-1930

LOS “BAILES SOCIALES” DE 1920-1930

Nota del director: En la década de 1920 se había consolidado la clase media en la ciudad de Rojas. La formaban las familias de los comerciantes, artesanos (carpinteros, herreros, sastres, constructores), agricultores propietarios de extensiones medianas que no llegaban a ser estancias. También los empleados de banco y las maestras. En su seno nacieron los “bailes sociales” a los que tenían acceso solo los socios de los respectivos clubes y no era de buen gusto cobrar la entrada.
Eso contrastaba con los “bailes populares” en los que cualquier persona, sin distinción de clase social, tenía acceso mediante el pago de una entrada. En estos últimos se veían chacareros arrendatarios, obreros, empleadas de servicio doméstico y otros, alternando con algunos de la clase media que se interesaran en participar.
Las muy especiales características de aquellos “bailes sociales” han sido reflejadas en un relato que Irma Oger hizo en 1957 y que reproducimos a continuación:

 

RECORDANDO LOS BAILES DE AYER...

Escribe: Irma Oger
irmao@clyfer.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

Muchas respetables señoras de hoy, madres de familia la mayoría (y entre ellas no pocas abuelas); señores graves ya entrados en canas o aun conservando resabios de la lejana juventud; toda esa muchachada entusiasta y alegre, la juventud de hace ... tai tan tos años, ha de recordar sin duda con nostalgia en esos momentos de ensoñación y añoranzas, aquellos bailes de antes, un tanto ceremoniosos y con cierto aire señorial.

Se realizaban sólo cada tres o cuatro meses. Organizarlos era tarea ardua que encaraban los miembros de comisiones de clubes con toda la seriedad y la importancia que el asunto merecía.

Además de tratar de contar con el salón y contratar la orquesta, amén de otras tareas concurrentes al buen éxito de la fiesta, era necesario pensar en realizar las invitaciones a las jóvenes habitúes a las reuniones danzantes de la institución organizadora.

Pero no piense en anuncios en los diarios como se hace actualmente. Nada de eso. Las invitaciones se hacían personalmente, debiendo los miembros de la comisión organizadora visitar casa por casa de las posibles concurrentes, invitando no sólo a las jóvenes sino a una persona mator que las acompañara y que podía ser la mamá, el papá, la abuela, una tía, etc.

Pero ahí no paraba el quehacer de los esforzados organizadores. A los pocos días de formulada la invitación, nuevo recorrido, esta vez para confirmar la asistencia o no asistencia al baile de las invitadas.

Y como si esto fuera poco la noche de la fiesta jóvenes de la Comisión Directiva de la entidad que realizaba el baile ¡debían pasar a buscar, a cada unja de las invitadas!

Las entidades que agrupaban a la clase media, efectuaban este recorrido en busca de las invitadas en una volanta tirada por caballos, ya que hablar de automóviles eran palabras mayores en aquellos tiempos en que sólo estaban al alcance de muy pocas personas.

Al llegar, otros jóvenes designados especialmente para tal tarea acompañaban a las recién llegadas hasta la puerta del “toilette” donde las dejaban para que retocaran su arreglo.

El baile daba comienzo aproximadamente a las 22. A media noche venía el “ambigú”, especie de merienda consistente en chocolate, masas y vino adecuado del que participaban todos los concurrentes al baile. Y a tener buen cuidado de que ninguna mamá o tía se quedara sin su correspondiente parte en el convite!

Luego de este chocolate proseguía el baile hasta altas horas de la madrugada. Los miembros de la comisión debían tener cuidado que ninguna de las chicas presentes se quedara sin bailar, pues era buen seguro que a la que eso le ocurriera no volvería a otro baile y tal cosa conspiraría contra el éxito del mismo. Cuando terminaba el baile las jóvenes con sus respectivas acompañantes, mamás o tías, eran conducidas nuevamente a sus domicilios.

Eran bailes sociales, en los que reinaba gran animación y un grato ambiente familiar. Bailes populares no se realizaban, a excepción de los que hacia la Sociedad Italiana el 20 de septiembre o en las romerías que la Sociedad Española organizaba en el Parque.

Entidades que gozaban de general popularidad entre la población en aquellos tiempos fueron las llamadas “Los 30 amigos unidos”, y “Los amigos unidos”, que realizaban hermosos bailes y pic-nics que alcanzaban éxitos memorables.

Los tiempos cambiaron aquellas tradicionales costumbres, que hoy miramos con una sonrisa de simpatía. Actualmente las jóvenes van a los bailes en grupos de amigas sin necesidad de la compañía de mamá (o de abuelita) y pueden sentarse ante una mesa y beber sin que ello les signifique ningún desmedro y son igualmente dignas como podían ser las muchachas de antes. Todo ha cambiado, hasta la organización de los bailes, mucho menos complicada hoy y provista del famoso “ambigú”, que sería sin duda terror para las finanza de los clubes de hoy.

Ahora tenemos baile todas las semanas, generalmente los sábados y los domingos. Y los muchachos ponen el grito en el cielo cuando les falla un domingo, aunque luego vayan al baile y no hagan otra cosa que permanecer sentados ante una mesa o parados escuchando la orquesta.

Con todo, nadie puede decir si lo de antes era mejor o peor que lo de ahora (aunque las chicas sin duda opinarán que era mejor eso de ir a buscarlas y a llevarlas en coche, sobre todo en invierno). Es el paso del tiempo que ha modificado las costumbres, como parte de esa evolución que van sufriendo eternamente todas las actividades humanas.

Cuando pasen los años, lo de hoy también será un recuerdo nostálgico que nos hará añorar los tiempos de nuestra entonces lejana juventud.

Irma Oger
Año 1957

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© CiudadRojas, enero de 2010.