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Historias de Rojas

1955

EL GOLPE DE 1955 EN ROJAS

Escribe: Jorge Alessandro
joralessandro@yahoo.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

El 16 de setiembre de 1955 un golpe cívico militar derrocó al gobierno de Juan D. Perón. Sus inspiradores y seguidores lo denominaron “Revolución Libertadora”.

El jefe de la sublevación fue el general Eduardo Lonardi, un militar vinculado al catolicismo nacionalista, autodefinido como legalista, quien había prometido que no habría vencedores ni vencidos, porque consideraba que “la victoria no daba derechos”.

No obstante, en poco tiempo emergerían en el centro de le escena política sus mentores reales: el general Pedro Eugenio Aramburu y el contralmirante Isaac Francisco Rojas quienes el 13 de noviembre de 1955, desplazaron a Lonardi y asumieron el mando del gobierno, desnudando la auténtica naturaleza dictatorial del golpe.

Su objetivo fue eliminar todo vestigio del gobierno justicialista y la restauración del modelo de país vigente hasta el año 1945. Posiblemente la medida más elocuente del carácter intolerante del gobierno de facto lo constituyó el Decreto Nº 4161, publicado en el Boletín Oficial el día 9 de marzo de 1956, y cuya simple lectura releva toda interpretación.

En Rojas, el Intendente Julio D. Alessandro, que el año anterior había vuelto a legitimar su representación popular continuó ejerciendo su mandato solo unos días más, hasta que entregó formalmente su cargo.

Tristeza, bronca, dolor, impotencia, y también temor, fue la combinación de sentimientos que ganaron en lo inmediato el estado de ánimo de los simpatizantes al peronismo y que así lo han referido al ser entrevistados.

No fue esa, por el contrario, la sensación que expresó el 23 de setiembre, una nutrida manifestación de apoyo al golpe integrada por simpatizantes radicales que dio comienzo en la sede partidaria (Club Unión) y luego se desplazó hacia la plaza San Martín donde una comitiva depositó una ofrenda floral con el rótulo “ciudadanía libre de Rojas” en el monumento al Libertador. La sola recordación de que aquel símbolo había sido inaugurado durante la gestión del gobierno destituido, revistió un tremendo carácter paradojal.

Luego hizo uso de la palabra el dirigente radical Ricardo González, quien reivindicó eufóricamente “...el triunfo de la libertad sobre la opresión y la recuperación para la ciudadanía argentina de sus plenos derechos”.

Los comentarios y análisis desarrollados por la prensa local revelaron la posición que la UCR adoptó en esos días.

El semanario Chispa en una amplia nota sobre aquel episodio, en la que revela su inclinación por el movimiento sedicioso, acompañó esa interpretación, afirmando que aquella fue “una exteriorización de júbilo por la recuperación de la libertad integral”. En otra nota de la misma fecha, reafirmando esa posición las destacó como “...exteriorizaciones lógicas de júbilo por el cambio imperado...” y además atribuyó al golpe militar el carácter de “...una revolución que ha sido hecha para el bien del país”. La Voz de Rojas, en cambio, lo consideró “...el triste epílogo de una apasionante etapa de nuestra historia”.

Los acontecimientos revelaron, en paralelo a lo que acontecía en el resto del país, la profunda división que también atravesaba a la ciudadanía local. Peronismo y antiperonismo habían conformado dos espacios políticamente irreconciliables en el seno de la sociedad. Así lo recuerda Irma Oger, quien ha destacado esa circunstancia como una característica que fue progresivamente potenciándose hasta alcanzar su máxima expresión a mediados de la década del 50.

En su edición del martes 18 de octubre la prensa anticipó que las autoridades golpistas habían decidido designar en reemplazo del Intendente Alessandro a un conocido dirigente radical, el Dr. Lorenzo Sabato en condición de Comisionado Municipal. El anuncio fue confirmado al día siguiente por el mismo medio, que dio cuenta también de la algarabía de sus conmilitones quienes festejaron la designación haciendo estallar numerosas bombas de estruendo en sede del comité local de la UCR. Se conoció también que el flamante delegado de facto designaría a los señores Rodolfo Verdún, Alfredo M. Fauda y Luis Derrico como secretario, tesorero e inspector general respectivamente.

De ese modo el partido de Alem e Yrigoyen, que en 1930 había sufrido la triste experiencia de ser derrocado por un golpe militar, apoyó la destitución de un gobierno recientemente ratificado por las mayorías populares y aportó uno de sus hombres más reconocidos al servicio de una nueva dictadura.

La asunción de Sábato se concretó el día 22, en un acto realizado en la Municipalidad, que contó con la participación de oficiales del Ejército en representación de la intervención federal. Tal como se desprende de las notas gráficas tomadas por la prensa, fundamentalmente una amplia foto que abarca la totalidad del palco emplazado en la ocasión frente a la sede municipal, las máximas autoridades partidarias acompañaron ese día al designado Comisionado local. Entre otros allí se observa a los conocidos dirigentes radicales Cornelio Olivencia, René Pérez y Ricardo Ravagnan.

Allí estaba el radicalismo en pleno. El mismo que había sido sucesivamente derrotado electoralmente en las elecciones municipales de 1948, 1950, 1951 y 1954. Imposibilitado de acceder al gobierno comunal por el voto popular, se incorporaba en esa oportunidad sumando uno de sus representantes en calidad de comisionado de un gobierno de facto surgido de un golpe militar que derrocó a un gobierno constitucional.

Aquellos que reivindicaban para sí un carácter democrático y republicano no tuvieron reparos en legitimar un gobierno que había mancillado la soberaníua popular. Inmediatamente se disolvió el Concejo Deliberante y se designó en cambio una “comisión asesora” integrada también por connotados radicales. De ese modo, se reemplazó un cuerpo constituido por los representantes de la voluntad popular, por otro constituido por unos pocos carentes de legitimidad popular y elegidos por las autoridades de facto.

En el país, en tanto, las nuevas autoridades dispusieron el cierre del Congreso Nacional, la intervención de las Provincias, del Poder Judicial y otros organismos, con la caducidad de sus mandatos. En el caso de la Confederación General del Trabajo (CGT) su interventor era un oficial de la marina paradójicamente llamado Patrón Laplacette. También la disolución del Partido Peronista y de la Confederación General Económica (CGE). Se inició además la persecución y encarcelamiento de millares de dirigentes, funcionarios y militantes peronistas que en pocos días atiborraron las cárceles argentinas, privados de las más elementales garantías procesales, sometidos a las llamadas “comisiones investigadoras”., con el aval de los miembros de la Junta Consultiva, una suerte de “organismo asesor” al que facilitaron sus representantes la mayoría de los partidos políticos autorreferenciados como democráticos.

Uno de aquellos funcionarios apresados fue precisamente el Intendente Darío Alessandro quien fue trasladado a la Capital Federal y alojado en la Penitenciaría Nacional donde estuvo un mes incomunicado y de allí paso a la cárcel de Caseros, en donde permaneció otros seis meses más. Además, como otros tantos fue investigado por las distintas Comisiones ad hoc, que en su caso fueron las del Banco de la Provincia de Buenos Aires, de la Legislatura de Buenos Aires y la de la Municipalidad de Rojas, las que solo llegaron a determinar que lejos de haber incrementado su patrimonio, tenía solamente deudas: una por un crédito hipotecario que solicitó para comprar su casa y otra por un préstamo personal.

Años más tarde, Darío supo contar, con sorna, que estando detenido en la cárcel de Caseros, se apersonó un oficial instructor enviado por un Juez Penal de San Nicolás, a raíz de una imputación que le formulara la Comisión Investigadora de Rojas. Le habían atribuido un hurto: ¡el busto de Eva Perón! Justamente a él. Lo que sucedió fue que al entregar el Municipio, recordó que los empleados municipales habían donado ese busto y con la finalidad de preservarlo, lo hizo retirar y poner a buen recaudo.

En verdad, todo un absurdo, proviniendo de funcionarios de un gobierno cuyos personeros robaron, vejaron e hicieron desaparecer durante años el cadáver de Eva Perón, que estaba depositado en la Confederación General del Trabajo.

La nueva gestión de facto en Rojas dejó cesante a un grupo de empleados municipales por la sola razón de su identificación con el peronismo, los que reclamaron públicamente por su situación mediante una solicitada que fue publicada por la prensa. Por su parte, dos conocidos afiliados peronistas que se desempeñaban como empleados del Banco de la Provincia de Buenos Aires fueron cesanteados.

Aunque posiblemente la expresión más exaltada de los tiempos que vendrían, cargada de una profunda significación simbólica, preanunciada mediante las encendidas diatribas verbales que desde esos días comenzaron a llevarse al plano de los hechos, lo constituyó el incendio de la Unidad Básica femenina del peronismo. El hecho mereció la descalificación de la prensa local. Incluso de la que habiendo tomado posición a favor del levantamiento septembrino, al que consideró “una muestra de lucha irrenunciable a favor de la libertad y la democracia”, sin embargo calificó al incendio del local peronista como un acto repudiable, un baldón para la cultura rojense.

Jorge Alessandro
Setiembre de 2012

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© CiudadRojas, enero de 2010.