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Historias de Rojas

En el año 1940 mis padres compraron su primera heladera eléctrica en reemplazo de la que, sin motor, enfriaba mediante un trozo de hielo de aproximadamente 20x30X25 cm. Como era de estilo en aquella época, el artefacto en desuso fue entregado en consignación al martillero Héctor Masó para lo vendiera en su “Tattersal”. Era el salón donde había funcionado el desaparecido Cine La Perla y allí se reunía una variedad de objetos que estaban a la espera de que alguien lo comprara directamente o a través de las subastas que se hacían periódicamente: ropero, maniquí, lámpara a kerosén, radio a válvulas, máquina de coser a lanzadera, libros, guitarra, jarra, palangana, armario, triciclo, espejo y una suma de otras cosas que daban un ambiente especial al lugar y que ha estimulado a Irma Oger para volar con su imaginación. (Ariel Labrada).

1930-1990

EL TATTERSAL

Escribe: Irma Oger

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

Mirá, es un salón, o un galpón, lleno de cosas diversas y entremezcladas, un poco como el escenario de un teatro cuando ha terminado la función y cada objeto, como otro actor, parece abandonar su papel y entregarse a un descanso informal. Mirá bien… Cuidado, casi tropezás con… ¿Cómo qué es eso? Un maniquí, de esos que había en las tiendas. ¡Si tendrá historia! ¡Si habrá sentido pasar modas sobre sus hombros!. Quizás perteneció a La Exposición, a la Casa Galli, tal vez a La Mosca Blanca. Andá a saber…. ¿Como? ¿Que quién puede tener interés en comprar una cosa así? Eso no lo puedo saber: tal vez alguna modista. Las de antes solían usarlo. Ahora… no se. Sigamos. Mirá ese ropero ¡Pobre! ¡Que maltratado esta está! Tiene cicatrices de años y de mudanzas, tiempos de desalojos; de trabajar salteado; de changas a cosechas, de cosechas a changas. Y ahí lo tenés, dentro de su humildad, tratando de continuar sirviendo, siendo útil. Pero mirá aquel otro ¡que preciosura! Y está el juego completo: la cómoda, las mesitas, la cama. Mirá qué espejos y qué molduras, un verdadero trabajo de artesano. ¿Te lo imaginás, llenando amplias habitaciones de altos techos, en grandes casas antiguas, de amplio zaguán y ventanas enrejadas? ¿No te parece ver espejarse siluetas de muchachas en pilchas de fiesta, emperifolladas para el baile del Club Social, de Los amigos Unidos, del 20 de septiembre o para las romerías del Parque? Y sobre el mármol de la cómoda, está partido, ¡qué lástima!, seguro seguro que había uno de esos juegos de jarra y palangana, tan finos, tan delicados, con sus pinturas pastoriles o cortesanas, tan buscados ahora que han vuelto a usarse las antigüedades como adorno. Fijate allí, sobre esa mesa. ¡Una radio antigua!, de esas con lámparas, parlantes y enchufes. La imagino sobre el hule floreado de la mesa de la cocina, acompañando tardes de costura o plancha. Con aquellas novelas de los radioteatros: Carmen Valdéz, Celia Juárez; Eduardo Rudy, Oscar Casco. O esas de Juan Carlos Chiappe, Héctor Bates o Atilano Ortega Sanz, que cuando salían de gira, llenaban las cuadras del Italia con sulkys y autos cuadrados, de los chacareros de entonces. “Corazón de Gringo”, “El boyerito de la cara sucia”, “El linyera de los ojos claros”, “El forastero que llegó una tarde”.Radios de antes: que compartían la cena familiar con el Glostora Tango Club de Alfredo De Angelis y Los Perez García… Mirá al lado, no, allí. Esa vieja lámpara a querosén… Si habrá sabido de noches chacareras, perfumadas a guiso. Si la habrán tomado manos callosas de rienda y manceras, de pala y escoba, manchadas de tizne. Si habrá alumbrado noches de rancho, charlas de sobremesa, canciones de cuna. Quizás vio nacer, quizás vio morir. La vida, viste…. ¡Y ese cuadro! El marco está fulero, claro; pero observá la estampa: un hombre y una mujer, agobiados bajo grandes bultos, caminando, apresurados, por un largo camino. Parecen huir, escapar de un destino aciago. Parecen refugiados, perseguidos, no sé, seres humanos, huyendo de la incomprensión y la intolerancia, drama común bajo todos los cielos, bajo todas las siglas. Y fijate ese otro cuadro… ¿a que sé en qué te hizo pensar? En la obra del Tafs, ¿no es cierto? En “El Cristo Roto”. Porque está estropeado, manchado de humedad, descolorido de años. Pero es una cabeza de Cristo, del mismo, del eterno Cristo…….Pero caminemos por aquí… Cuidado… Mirá ahí, detrás de ese fichero. ¡Una vieja máquina de coser, a lanzadera! Si tendrá puntadas su historia; si habrán pasado bajo su píe estrenos del 4 de Octubre o del 25. Trajes de Novia, traje de luto. Si habrá punteado modas…. O pantalones a medida, de las sastrerías finas; o costura “de cargazón”, como le decían… ¡Mirá allí! ¡Esa guitarra!, ya sé que para tocar no debe servir… Pero, qué lindo. ¿No te parece escuchar valsecitos floridos, noches de serenata ante una ventana rojera de las Medias Lunas? Guitarreadas de patio o de almacén. Una juventud que vibró bajo esas cuerdas. Sigamos. Mirá ese armario. Opaco de años, también parece que tuviera mucho que contarnos. Historias familiares, pequeñas pero importantes, a nivel de seres humanos; nuestras al fin. Abrámoslo. ¡Qué viejo está! No le tengas miedo a las polillas, que no muerden. Algunas telarañas y… ¡oh! Unos papeles olvidados! A ver… boletas viejas,… de mueblería Urkovich, de Casa Iñiguez, de joyería Fischnaller. No hay que hacerle: a las cuentas no las quiere nadie, ni nuevas ni viejas. Un pedazo de novela de Corín Tellado… y, ¡oh! un libro de lectura. A ver, a ver. Hum, hum, 4to grado, Escuela N°8, 1943. ¿Te das cuenta? De cuanto todavía estaba en el viejo local de Avellaneda y Belgrano, Y en cuanto a la piba que aprendió en estas paginas, seguro que ya tiene nietos… Observá ese juego de living. Está bien conservado ¿no es cierto? Y eso que tendrá su historia, de palabras de amor, de caricias y besos, cuando el noviazgo, de aquellos años, de aquellas costumbres, se hacía oficial, y el candidato llegaba a la casa… Quizás también arrulló la espera vana, los sueños inútiles de la muchacha aquella que al fin se quedó soltera… ¿Viste cuántas cosas lindas, valiosas en esencia, aunque a veces parezcan viejas e inservibles? Pensá que algunos, al traerlas para ser vendidas, habrán sentido un desgarrón en el alma, al dejar estos testigos mudos de quizás sus horas más felices, o de los supremos dolores. Porque un Tattersall, no es un negocio cualquiera. Es una especie de museo popular, donde la gente como nosotros, los seres comunes, dejan un poco de su historia, de su pasado, de sus vidas.

Irma Oger
Febrero de 2012

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© CiudadRojas, enero de 2010.