Buscar:

Búsqueda por persona mencionada:
Coloque el apellido con la inicial en mayúscula y, de corresponder, el acento.

 

 

Historias de Rojas

En 1885 un matrimonio se estableció con chacra, almacén y carnicería. En este último ramo, vendían mil kilos de carne por día proveniente de tres o cuatro vacunos que se carneaban a las 18. A la hora uno del día siguiente se preparaban las pesadas, haciendo los atados de carne de acuerdo a los pedidos. A las tres se iniciaba el reparto, chacra por chacra. Los clientes pagaban cuando vendían la cosecha.

1885 - 1962

LA CARNICERIA DE "LA JULIANA"

Por Bernardo Sheridan
ynrab44@yahoo.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

Saliendo de Colón, en dirección a Hughes y bajando a la izquierda a la altura del frigorífico “San Sebastián” nos internamos en la sección chacras y, por un camino u otro, llegaremos al almacén “La Juliana”.
Cargado de años e historia fue el centro de la actividad de una colonia agrícola cuya gente, por un motivo u otro concurría para comprar provisiones, picar las rejas en la herrería, jugar un partido de truco o bochas, buscar carne, jugar al fútbol o divertirse en los bailes.
La historia del almacén “La Juliana” comienza en 1885, cuando Silvestre Villalón y su esposa Juliana Hernández, se establecieron con chacra, almacén de ramos generales y carnicería. En aquella época eso estaba dentro del Partido de Rojas. Hubo sucesivos cambios de dueños a lo largo de casi un siglo.
Vendían mil kilos por día. Trabajaban ellos y cinco empleados. Se mataban tres o cuatro vacunos a las seis de la tarde. A la una de la mañana se preparaban las pesadas. Se hacían atados de carne según lo convenido con cada cliente. El comprador no elegía la carne. Hasta recibirla no sabía lo que le tocaba esa vez. El carnicero trataba de graduar de manera que si un día tocaba mucho hueso, al siguiente hubiera más pulpa. Pero los clientes siempre se quejaban porque querían la mejor carne todos los días.
A las tres de la mañana se salía a repartir. Tres breaks hacían el reparto a las estancias. El “breaks” (llamado comúnmente “breque” es un carro liviano con ruedas tipo sulky. Las estancias atendidas eran de Duahu, Atucha y Hearne.
Dos charrés o jardineras de baúl con tapa hacían el reparto en las chacras. En algunas entraba el carnicero. En otras había una fiambrera en la tranquera donde se dejaba la carne. La patrona mandaba a alguno de los chicos (había muchos en cada chacra) a recogerla.
A mitad del reparto se cambiaba el caballo. Había uno de repuesto en alguna chacra amiga. Ningún caballo hubiera aguantado la distancia y velocidad del recorrido. A mediodía tenía que estar el reparto terminado para que el calor no abombara la carne.
Aunque lloviera el reparto se hacía. Los repartidores se ponían impermeable amarillo y botas.
Los clientes pagaban a cosecha. Después comenzó a pagarse por mes. Los carniceros pagaban a los ferieros (Aniceto y Jorge Villalón; José María Cánepa) cuando cobraban a sus clientes.
La vida ha cambiado mucho. Lo que estoy contando es casi irreconocible a la mirada de un joven de hoy.
Escribo estas líneas con la esperanza de que no se pierdan nuestros pasados, nuestra cultura y nuestras raíces.

Bernardo Sheridan
Mayo de 2011

Permitida la reproducción total o parcial del material aquí publicado, citando la fuente.
Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de los autores.
© CiudadRojas, enero de 2010.