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Historias de Rojas

1920 - 2011

TRIBULACIONES DE UN HOMBRE DUAL

Escribe: Jorge Alessandro
joralessandro@yahoo.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

Esta conversación pudo haberse registrado en muchos lugares y en ocasiones distintas.
Quizá bajo las extensas galerías de aquella centenaria Escuela Nº 1, en donde cursó la primaria, que como la de tantas ciudades del interior bonaerense lleva el nombre de Sarmiento; caminando por algún pasillo del Colegio Nacional de La Plata, donde hasta nos pudimos cruzar con un admirado Henríquez Ureña, con su portafolio repleto de tareas para corregir, de sus alumnos, en el contiguo Instituto de Físico-Matemática de la Universidad; o a miles de kilómetros de allí, en el Laboratorio Curie de Francia o en el Instituto de Tecnología de Massachussets. Posiblemente también en la tranquilidad de una tarde serrana junto al río Chorrillos, en la que se intercambiarían saludos con aquel muchacho que estaba en camino hacia Latinoamérica, donde curaría enfermos y hallaría su destino hasta convertirse en símbolo de las mejores banderas, o en Bosque Alegre, bajo un manto de estrellas, en el silencio sideral de las noches de observaciones astronómicas agradablemente intervenido por la música de Bach, Mozart o Brahms; posiblemente bordeando un tramo del Rhin, del brazo de Matilde, evocando un pasado de baladas, bardos, héroes, bandidos y leyendas o, quizá bajo añosos árboles de alguna casona de Santos Lugares.
Sin embargo, este diálogo nunca existió realmente como tal, en el sentido literal de una entrevista. Por el contrario, se fue construyendo de a poco, pacientemente, a lo largo de años, porque todo lo aquí registrado, ha sido ya dicho, fundamentalmente escrito, antes.
Un tiempo en que los brillos de la ciencia acompañaban al entrevistado durante una adolescencia deslumbrada con aquellas altas torres que lo atrajeron con su belleza ajena a los vicios carnales, y que tiempo después desaparecerían de su horizonte, dejando solo el recuerdo, buscando una salida que le permitiera acceder al hombre concreto enajenado por una civilización tecnolátrica... impulsado seguramente por el deseo de abandonar esa clara ciudad de las torres —donde reinan la seguridad y el orden— en busca de un continente lleno de peligros, donde domina la conjetura.

Y allí están entonces enhebradas, ideas, voces, opiniones, que constituyen una madura y enriquecedora visión del hombre y del mundo, en un recorrido conceptual que abarca desde su infancia hasta los días presentes:

-Periodista: En los aspectos autobiográficos de algunas de sus obras, hay una suerte de recurrencia a su infancia, ese universo remoto y lejano como suele definirlo, con imágenes contradictorias, cargado de tristeza, como cuando se recuerda inmerso en alucinaciones, ganado por la pavura, pero a la vez de una nostalgia que le hacen anhelar lo que usted mismo rescata como ritos de su niñez.¿Hay alguno que hoy todavía siga añorando?
-Entrevistado: Hay un rito para mí emblemático, que aún a mis años recuerdo con mucha ternura. Siempre he añorado los Reyes Magos, que en mi pueblo venían misteriosamente cuando ya todos los chiquitos estábamos dormidos, para dejarnos en nuestros zapatos algo muy deseado.

-Periodista: ¿Qué le pediría hoy a aquellos Reyes Magos?
-Entrevistado: Solo una cosa: que me volvieran a esa remota infancia, cuando me dormía anhelando su llegada en los milagrosos camellos, capaces de atravesar muros, y hasta de pasar por las hendiduras de las puertas -así nos explicaba mamá que podían hacerlo- silenciosos y llenos de amor. Se que es un sueño imposible, la irrecuperable magia de mi niñez, con sus navidades, y cumpleaños infantiles, el rumor de las chicharras en la siesta de verano. Esa época cuando los cuentos comenzaban “Había una vez...” y con la fe absoluta de los niños, uno era irremediablemente elevado a una misteriosa realidad. Sí! querría que me devolvieran aquella espera, aquel candor.

-Periodista: ¿Son también aquellos momentos esas mismas lejanas pero añoradas imágenes de la infancia común, que evocaba usted amargamente junto al poeta tucumano Orce Remis, frente a la radio mientras escuchaba las noticias del golpe militar en setiembre de 1955? ¿Imaginó usted en aquel momento lo que luego sobrevendría?
-Entrevistado: Las imágenes fueron sin duda aquellas, es ese momento. No se hoy, después de tantos años si episodios como los del año 1955 me volverían a remitir a aquellas imágenes. Por lo demás, ciertamente cuando dije aquello no imaginé lo que vendría... que a no dudarlo fue mucho peor a lo que entonces critiqué. Así se lo hice saber públicamente al general Aramburu en su momento.
Seguramente hoy, noticias como aquellas me devolverían los momentos más oscuros de nuestra historia de desencuentros como país. No serían, claro, aquellas imágenes tiernas de la patria de nuestra infancia. En todo caso se aproximarían a las verdades últimas y muchas veces atroces que hay en el subsuelo del hombre.

-Periodista: Háblenos por favor de sus primeras lecturas.
-Entrevistado: Ese recuerdo permanece imborrable y allí aparece muy claramente la figura de mi hermano. En nuestro pueblo lo llamaban “el loco”, pobrecito, amaba el teatro y por eso fue un incomprendido. Acabó marchándose con un circo. ¿Usted se da cuenta de lo que eso pudo significar... la deshonra de mi familia burguesa! El tenía toda la colección de Bambalinas, una publicación popular que además de innumerables sainetes criollos, publicaba obras de Ibsen y de Tolstoi. Toda esa colección fue devorada por mí antes de los doce años, marcando fuertemente mi vida.

-Periodista: ¿Y más adelante?
-Entrevistado: Werther, y Rosseau. Con el tiempo descubrí a los nórdicos: Ibsen, Strinberg, y a los trágicos rusos que tanto me influyeron: Dostoievski, Tolstoi, Chejov, Mogol; hasta la aventura épica del Mío Cid y el entrañable andariego de la Mancha. Ya en la secundaria, en la biblioteca del colegio, tan vasta y para mí inexplorada, aunque sabiamente organizada, leí siempre a tumbos, empujado tan solo por mis simpatías, ansiedades e intuiciones. Allí pude incursionar en los mundos de Salgari y de Julio Verne. Más tarde me recreé en las grandes creaciones del romanticismo alemán: Los bandidos de Schiller, Chautebriand, el Gotees Von Berlichingen, Goethe y su inevitable La Mancha. Aún me oigo reír por el desenfado y la encarnecida ironía de Wilde desnudando la hipocresía victoriana; recuerdo el temblor que sentía entre las páginas de los maravillosos cuentos de Poe o las paradojas de Chesterton. También Pavese, Gorki, Baudelaire, Kafka, por supuesto.
Con los años leí apasionadamente a los grandes escritores de todos los tiempos. He dedicado muchas horas a la lectura y siempre ha sido para mí una búsqueda febril.

-Periodista: En sus obras hay como una permanente recurrencia a una idea del hombre gobernado por una inmanente dualidad. La oscuridad y las sombras, la contraposición de la luz como enemiga de los fantasmas reales o imaginarios; también en su refugio temporal de la certeza, representada en esa ciudad de las torres donde reinan la seguridad y el orden, contrapuesta a aquella visión de la vida diaria como un gigante y gelatinoso laberinto; o su concepción misma de la impureza y de la contradicción, como atributos del movimiento. Incluso situaciones mas temporales como su descripción de la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino en 1955 ¿Reconoce usted esa característica y en su caso a que lo atribuye?
-Entrevistado: Sin duda son varias las fuentes que pregnaron mi concepción del hombre. Dostoievski y sus perplejidades en primer término. Su visión esencialmente contradictoria y dual de la condición humana tan bien plasmada en sus Memorias del subsuelo; esa confrontación entre el hombre sencillo y espontáneo...y aquel otro salido no del seno de la naturaleza, sino de un alambique...Es muy fuerte su afirmación sobre el corazón del hombre como campo donde tiene lugar una dramática disputa entre Dios y el Demonio por el ser humano. Una visión aparentemente trágica pero que tampoco le impide manifestar su creencia en la vida eterna en este mundo, sobre todo en aquellos momentos cuando cree percibir que el tiempo se detiene de repente, para dar lugar a la eternidad. Hay también mucho del existencialismo dualista de Berdiaeff, de su filosofía de la libertad. De algún modo Camus refleja esa dualidad cuando reconoce la repugnancia que le produce el mundo en que vive pero no puede dejar de solidarizarse con los hombres que en él sufren.
Aquellos autores, sin duda dejaron marcas en mi pensamiento, contribuyendo a lo que usted considera una recurrencia a la idea de la dualidad

-Periodista: -Quiero leerle un verso y pedirle su reflexión, por favor:
“..Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales
que, lavándose las manos se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse...”
-Entrevistado: Cuánto de verdad hay en aquella letra de Celaya que habla de la poesía como arma cargada de futuro. Coincido con él. El escritor debe ser un testigo insobornable de su tiempo, con coraje para decir la verdad y levantarse contra todo oficialismo que, enceguecido por sus intereses, pierde de vista la sacralidad de la persona humana. De algún modo señalé algo parecido en oportunidad de mi censura a la moral pretendidamente neutral de la ciencia heredada del siglo XIX.
De no ser así, la historia de los tiempos venideros tendrá razón de acusarlo por haber traicionado lo más preciado de la condición humana. Quizá por mi formación anarquista, ideología a la que empecé a vincularme hacia los dieciséis años, porque nunca soporté la injusticia social, he sido siempre una especie de francotirador solitario, perteneciendo a esa clase de escritores que, como señala Camus, a quien agradezco su generosa iniciativa para la publicación de la versión de uno de mis libros: uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen. Por lo demás, si nos cruzáramos de brazos seríamos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa.

-Periodista: A propósito del anarquismo ¿Sigue aún enojado con alguno de sus apologistas ?
-Entrevistado: Nunca estuve enojado en particular con ninguno de ellos y en la polémica que se me atribuye, el pobre Severino Di Giovanni terminó pagando los platos rotos. En el fondo quizá latía mi visión respecto del anarquismo, cargada por la subjetividad propia de mi distanciamiento temprano con aquellos y luego también de la ilusión comunista. De todos modos usted sabe, y ellos seguramente también lo sepan. Nunca hubo entre nosotros algo personal. No, al menos de mi parte. Y los últimos años me he encargado de restañar cualquier herida reivindicando la coherencia de Di Giovanni, su condición de gran dirigente y su entereza frente al pelotón de fusilamiento gritando:“¡Viva la anarquía!”, grito que, después de tantos años aún me sigue conmoviendo.

-Periodista: Ahora quiero preguntarle sobre otro de los momentos posiblemente más estremecedores de su vida, aquel cuando decide abandonar la ciencia, para incursionar en el arte.
-Entrevistado: No fue un momento, para ser preciso. Fue en todo caso un proceso, un tránsito, que me condujo a una suerte de revuelta contra la razón y lo objetivo, esos dos ídolos del fetichismo científico, por los que llegué a sentir verdadera ofuscación.
Sentí que esa compañera de viaje durante un largo trecho, la ciencia, me limitaba de un modo casi atroz, provocándome una suerte de tumulto, un verdadero tormento en mi interior y fue necesario encontrar un cauce que me permitiera hacerlo emerger de allí.
Comencé a descubrir que la ciencia estricta, es decir la ciencia físico matemática, resultaba ajena a todo lo que es íntimamente valioso para un ser humano: sus emociones, sus sentimientos. Que si el mundo matematizable era el único verdadero, no sólo sería ilusorio un palacio soñado, con sus damas, juglares y palafreneros, también lo serían los paisajes o la belleza de una fuga de Bach. O por lo menos sería ilusorio todo lo que de ellos nos emociona.
Fui así comprendiendo las razones del ingles Alfred Whitehead, matemático y filósofo él, quien afirmaba que la ciencia debía aprender de la poesía, que cuando un poeta canta las bellezas del cielo y de la tierra no manifiesta las fantasías de su ingenua concepción del mundo, sino los hechos concretos de la experiencia, desnaturalizados por el análisis científico.
Sentí una doble sensación, de desgarramiento por un lado pero de liberación interior por el otro. Tampoco podré olvidar que se me recriminó el abandono de la ciencia por el charlatanismo. Tal era el puritanismo científico.
Fue entonces cuando comencé a incursionar en la novela y también en la pintura, porque aquella crisis requería palabras y formas para expresarse. Por fin pude así liberar no solo mis ideas, sino, sobre todo mis obsesiones más recónditas e inexplicables.

-Periodista: A propósito ¿Qué hay detrás de sus pinturas?
-Entrevistado: Siempre me gustó pintar, fue mi primera pasión de niño, antes aún de saber escribir o leer. Luego, en mi adolescencia, logré plasmar los primeros rudimentarios trazos de mis alucinaciones, de mis pesadillas, pero luego las rompí. No quedó nada de aquello.
Años después, en París, antes de la guerra, pude reunirme con los surrealistas, con Wifredo Lam, Matta, Tristan Tzara, Breton y sobre todo entablar una profunda amistad con Oscar Domínguez.
Cuando regresé a la Argentina pinté algunas naturalezas muertas y una mala copia del autorretrato de Van Gogh, mientras iniciaba la época de los ensayos y relatos y luego las novelas.
Con los años, cosas del destino, la disminución en la vista que comenzó a aquejarme me permitió dedicar esta última etapa de mi vida a lo que de chiquitín me había misteriosamente subyugado. Sin el esfuerzo visual que requiere la lectura, la pintura me ha permitido quizás reencontrarme con ese mundo misterioso de la inconsciencia más profunda.
Lo que he hecho en estos últimos años supone un abandono a toda referencia al mundo natural, inclinándome por lo que denomino sobrenaturalismo, por considerarla una denominación mas apropiado, más precisa que surrealismo. Verá usted la polivalencia que el término realidad tiene al menos entre los filósofos y comprenderá el porqué de mi preferencia.
Respondiendo finalmente a su interrogante puedo afirmar que la pintura es otro de los caminos del arte por los que he tratado de incursionar permanentemente en la profundidad del hombre, en sus desvelos, pasiones, dolores y alegrías. En la búsqueda de los abismos del yo, de la condición humana.

-Periodista: Quiero volver al tema de la dualidad: ¿Cuanto de esa idea quedó también plasmada en esa suerte de simetría justificatoria, también conocida como teoría de los dos demonios que subyace en el informe del libro Nunca Mas, en particular en la introducción de su prólogo y en sus referencias al caos, la violencia y la sociedad sumida en el temor y la desesperanza?
-Entrevistado: El informe fue un enorme esfuerzo de todos los que nos involucramos en la elaboración, que nos obligó a adentrarnos en el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación. En verdad la idea a la que usted hace referencia fue fomentada desde un gobierno apremiado en alcanzar una vía transaccional con los militares y los reclamos de los organismos de Derechos Humanos.

-Periodista: Bien, ya para terminar, le pido me hable del futuro.
-Entrevistado: A esta altura de mi vida, siento íntimamente que el futuro es mañana, casi hoy mismo, aunque en el fondo sé que es de los jóvenes y a ellos va esta respuesta. A ellos pues les digo que pese a todas las calamidades que vivimos hoy, estoy convencido que los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para su superación. Así lo han mostrado tantos hombres y mujeres que, con el único recurso de la tenacidad y el valor, lucharon y vencieron a las sangrientas tiranías de nuestro continente. El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer. En esta tarea lo primordial es negarse a asfixiar cuanto de vida podamos alumbrar. Defender, como lo han hecho heroicamente los pueblos ocupados, la tradición que nos dice cuánto de sagrado tiene el hombre. Propongo, entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso... sólo quienes sean capaces de sostener la utopía, serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido...

-Periodista: Ha sido usted muy gentil en dispensarnos su tiempo don Ernesto
-Sabato. Muchas gracias.

Jorge Alessandro
Junio de 2011

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© CiudadRojas, enero de 2010.