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Historias de Rojas

Apenas terminó la escuela primaria, Salvador Scardino tuvo que dedicarse a las tareas agrícolas en la chacra de su padre y, mientras conducía un arado tirado por caballos, estudió un curso por correspondencia. Cuando tenía 20 años de edad fue designado gerente de la Cooperativa Agrícola Ganadera de Rojas, cargo que ocupó durante 46 años con una conducta y entrega verdaderamente ejemplar.

1912 - 1982

UNA VIDA DEDICADA AL COOPERATIVISMO
(Reportaje publicado en “La Voz de Rojas” en 1982)

Escribe: Irma Oger
irmao@clyfer.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

Don Salvador Scardino, durante 46 años fue gerente de la Cooperativa Agrícola Ganadera de Rojas, con una conducta y entrega verdaderamente ejemplar.
Comenzaremos esta reseña hablando de su padre, Santos Scardino oriundo de Catania, que fue uno de los tantos inmigrantes que llegaron en la década de 1890. Transitoriamente recaló en la ciudad de Buenos Aires donde fue conductor de aquellos tranvías a caballo que por entonces circulaban en las calles porteñas hasta que, como en las novelas románticas (y también en la realidad) regresó a su pueblo para casarse con Lucía Chiavetta y luego retornar con su esposa a nuestro país. Pero no ya a la gran ciudad sino a los vastos horizontes de la pampa húmeda y ubicándose primeramente en el campo La Brava, en las proximidades de O’Higgins y más tarde en el pueblo La Viznaga del campo La Vigía, propiedad de la familia Dorrego administrado entonces por un señor Guerrero.
Como para que no faltase ningún elemento tradicional a la historia, la familia Scardino, como tantas otras de arrendatarios inmigrantes recibió la ayuda de una de las típicas casas de ramos generales que por entonces florecían en Rojas como en todos los pueblos de campo y que tanto hicieron por su progreso al facilitar el asentamiento de las colonias agrícolas; hasta como nos decía la vez pasada don Hermidio Pérez, llegar muchas a fundirse ayudando a la gente en los años malos. En este caso fue la firma Zorriguieta y Abelleira (luego Abelleira y Cía), que levantaba su local en el solar donde no hace mucho se incendiara la fábrica Almar y que facilitó la compra de los primeros implementos de labranza y los alimentos para la subsistencia de la familia.
En ese hogar, en el puesto La Viznaga, nació don Salvador Scardino el 21 de abril de 1912.

A LA ESCUELA

Hacía 1916 don Santos compró campo en la zona de La Caldera, a unos siete kilómetros de Rojas. Al llegar a la edad escolar, el pequeños Salvador se los hacía todos los días a caballo, con buen o mal tiempo, sin faltar prácticamente nunca. Comenzó concurriendo a la primitiva Escuela N° 8 ubicada entonces en un viejo edificio de Yrigoyen y Zapiola conocida como la “escuela de Fazzini” por ser directora y docente María Luisa Elgue de Fazzini, esposa de don Juan Fazzini, caracterizado vecino que fuera Juez de Paz en las épocas previas a la ascensión de los radicales en 1916.
Su primera maestra fue Mercedes Affinito siendo luego alumno de Juanita Mina, Concepción Cordeiro y María Concepción Etchepare. Como solo se dictaba hasta cuarto grado pasó a la Escuela N° 1 para completar los años superiores; allí, en uno de los salones que dan a la calle Alem, próximos al portal de entrada fue alumno de Juana Ozán y de María Elena Oyhanarte (hermana de la señora Norma Carmen Oyhanarte de Sansirena). En esos años cursaba allí Ernesto Sábato aunque no en el mismo grado que don Salvador.
De sus compañeros de entonces recuerda a quien lo era de banco, Godofredo Alessandro; a Alicia Córdoba, Eros Baguear, Pora Morando, Matilde Boveri, Mercedes Díaz, Adelita Lambert, Mora Bicocca, Amelia Tamisani, Dominga Pittorino, Luis Corradi, José Herrera, Teófilo Yuggan, Saccomano…
En 1975 los ex compañeros se reunieron para festejar los 50 años de su egreso primario.

BUSCANDO SU DESTINO

Terminada la escuela se reintegró de pleno a las labores agrícolas; que no eran como las más actuales ya que no había ni tractores ni cosechadoras y todo debía hacerse a mano y a caballo.
Ni había en Rojas posibilidades de seguir otros estudios. Pero ello no arredró al jovencito que, estudiando libre por correspondencia en la Universidad Americana cursó los dos primeros años del bachillerato y luego comercio hasta recibirse de contador mercantil.
“La mayor parte de estudio –evoca don Salvador- la hice sobre el arado que me era lo más cómodo para estudiar. Se araba con seis caballos. Clavaba el arado en el surco y hasta salir a la otra punta tenia diez o quince minutos para leer y a la vuelta le daba un repaso”.
Recuerda a don Benito Rebuffo, que era vecino y que hasta sus últimos años se acordaba de cuando lo veía estudiar sobre el arado o sembrando el maíz.
Ya diplomado y sin dejar las labores agrícolas, - tendría unos catorce años- comenzó a practicar atendiendo algunas contabilidades. La primera fue la del almacén de Antonio Bulge, ubicado a un par de kilómetros del campo de sus padres. De ahí pasó a colaborar con un señor Llordén, contador de la antigua confitería San Martín y casi simultáneamente en Boggia Bussalleu, casa de ramos generales que ocupaba entonces la esquina de Iribarne y Uruguay y de la que era contador Paulino Boggia y tenedor de libros Panchito Lambert.
Hacia el 27 o 28 sus padres se radicaron en la ciudad, en la casa de la calle Dorrego 320.

A LA COOPERATIVA

A poco de cumplir 16 años ingresó como auxiliar de contaduría a la Cooperativa Agrícola Ganadera, que funcionaba en el viejo local de Avenida 25 de Mayo 571 y donde posteriormente pasó a contador. Por esos años habían ocupado la gerencia Pedro Fortunato Mogliasso, Francisco Mina (interino) y Domingo Leonetti. En noviembre de 1932 al renunciar éste, Salvador Scardino fue avalado por la garantía y la firma de su padre, por no tener la mayoría de edad.
Presidía entonces el consejo de Administración don Domingo Parisi. “Lo más grande que me acompañaba en esos momentos –memora-era mi enorme entusiasmo y mi gran voluntad porque en realidad carecía, de práctica y si se quiere mi preparación era muy limitada”.

GERENTE

Al preguntarle qué circunstancia decidió al Consejo a otorgar un cargo de tamaña responsabilidad a un muchacho tan joven nos responde que “los llevó a esto el estar un poco desilusionados de todos los fracasos que habían venido sufriendo. Habían tenido muchas caídas. La situación de la Cooperativa era pésima, insoportable y venían de tumbo en tumbo”.
Bueno, acotamos; ya lo tenemos a don Salvador en la gerencia ¿qué hizo allí?
“La situación, como le digo, no mala: desesperante. Se debía el capital y tres veces más. Ante ese panorama mi juventud y mi poca experiencia me creaban una situación difícil. Pero era tal el entusiasmo que tenía y el apoyo de la gente que nos lanzamos con todo a luchar para reorganizarla. Nos dio más trabajo levantar otra vez el prestigio que si hubiéramos tenido que empezar de cero”.
Al requerirle como lo hizo explica que se valieron del apoyo y la generosidad del Consejo de Administración. El único efectivo que tenía la entidad en una situación tan crítica eran los descuentos de documentos avalados por los integrantes del consejo de Administración que les otorgaban los Bancos de la Provincia y de la Nación.
Integraban entonces el Consejo los señores Domingo Parisi, Franscisco Dicamillo, Felipe Amichetti, Justo Martínez Zavala, José Alejandro Ponte, Juan Bautista Bisset, Juan Baldomir, Juan Recalt, César Marzano, César Ratti, Ernesto B. Enright, Franscisco Mariano Iribarne, Manuel Villaverde, José Carbone, Antonio Calvet, Juan B. Giacone y Ramón R. Castagnino.
Aparte de estos descuentos, ya un poco más adelante cuando se comenzó a superar lo peor del pantano, vinieron otras ayudas. Hacia el año 36 o 37 apareció el Crédito Agrario del Banco de la Nación, que fue un gran aporte. También fue creada la sección Fomento Cooperativo. Y aquí recuerda a don Alejandro Lombán, inspector del banco y entusiasta cooperativista que más tarde escribió una historia de la cooperativa de Rojas relatando como tenía todos sus bienes perdidos y como se recuperó y fue hacia adelante.
Al preguntarle cuándo salieron a flote señala que ya ese primer año se vislumbró un mejoramiento. Al año siguiente dio un pequeño superávit, y así de ejercicio en ejercicio fueron creciendo duplicándose prácticamente cada vez. Enfatiza que en sus casi 47 años de administración nunca hubo un retroceso.
Como signo de esa creciente prosperidad en 1937 surgió la idea de efectuar el manipuleo del maíz a granel resolviéndose adquirir una máquina desgranadora pesadora a granel y una cargadora portátil y camiones.
En 1939, mientras en Europa resonaban los primeros cañonazos de la Segunda Guerra Mundial, la Cooperativa inauguraba el tramo inicial de su edificio actual. En ese mismo año se construyó el primer elevador en los terrenos adyacentes al F.C San Martín. A este respecto trae a colación que hace pocos días justamente estuvo mirando el piso del mismo, donde aquel año escribiera con un clavo en el cemento fresco la fecha de construcción.

TODA UNA VIDA

En 1978 se acogió a la jubilación, tras 46 años largos de ocupar la gerencia y 50 dentro de la entidad.
“Me acogí a la jubilación –confiesa- pero tuve una falla: no puede separarme de todo esto. Mi vida fue estar acá cerca; toda una vida”. Al señalársele que los asociados no lo hubieran dejado separarse dice que tiene tantos lindos recuerdos y está tan encariñado porque “no tuve prácticamente problemas de ninguna naturaleza. Se me allanaron los caminos. Tuve apoyo total en los consejos de administración. Me daban cualquier facilidad, confiaban en mí. Pero eso sí: yo jamás moví un alfiler sin que lo conociera por anticipado el Consejo. Yo era lo más respetuoso en ese sentido. Hay quienes piensan que yo manejaba todo. Están equivocados. No era así. Yo daba la cara y andaba en todo, eso sí. En lo sucesivos consejos hubo mucha gente con buenas ideas; ahí se aprovechaba todo. Jamás hubo una discusión en las reuniones. Había, sí, distintas opiniones, distintas ideas; pero se respetaban, se analizaban y se llegaba a conclusiones en una armonía total y eso era muy valioso para la Cooperativa. Nunca nadie se desvinculó ni se disgustó con nadie”.

CRÍTICAS Y APLAUSO

La charla lleva a mencionar las ocasiones en que en las asambleas surgieron listas opositoras y de ello rescata que “sirvió para demostrar el apoyo total de la masa societaria y tomarle más cariño a la cosa porque ahí pude comprobar que vale la pena dedicar una vida a una institución cuando los que la componen saben reconocerlo. Es poco darles una vida”
Expresa que acepta y agradece las críticas, considerándolas una colaboración; le señalamos que una de las más corrientes es la que lo sindica como demasiado conservador. Reconoce que si lo ha sido fue por la situación que le tocó vivir en los comienzos; cuando pudo salir a flote juró que eso no pasaría más. Tal es así que mientras estuvo en la administración nunca se pidió a nadie que firmara un pagaré de garantía de las operaciones de la cooperativa. Siempre se hicieron las cosas con los recursos genuinos.
“En aquella época, cuando era un gran negocio la inversión, si me quedé, lo hice por el cariño y por lo responsable que me sentía de haber luchado para sacarla a flote y temí llegar a comprometerla, como pasó en tantos otros casos”.
Al hablar del apoyo que en todo momento recibió de la gente recuerda el incendio de 1956 que destruyó gran parte de las instalaciones; fue uno de los momentos más tristes pero también otro motivo para estrechar vínculos. Porque más tardó en apagarse el incendio que en venir la gente a ofrecer su colaboración. Tiene un párrafo especial para don Alberto Sierra, un asociado de Pergamino descendiente de la familia de don Pancho Sierra, que fue el primero en llegar hasta él y poner a disposición de la Cooperativa su dinero y sus 400 hectáreas de campo. Se emociona al hablarle de la verdadera devoción que muchos socios, algunos ya fallecidos, han tenido hacia su persona y se pregunta: “Qué le devuelvo yo a toda esa gente, que le dí y que le doy más que el cariño y a los que se han ido mi mejor recuerdo; me siento un poco apocado para responder a todo ese afecto. No sabe lo espiritualmente fortificado que me siento cuando aquí, en cualquier lugar de la Cooperativa se me acercan dos o tres socios, uno con un recuerdo, otro con una anécdota y el afecto”.

SUEÑOS Y REALIDADES

-Don Salvador, ¿hay alguna cosa que le hubiera gustado hacer y que no le fue posible?
- Mire, hacer, por la Cooperativa, siempre tuve ambiciones. Pero siempre, también me gustó limitarme a las posibilidades y no salir de ahí. Si no hice más fue porque la prudencia me señalo que no podía o que no convenía llegar más de ahí.
-¿Hay algún sueño incumplido que le pueda llegar a los que vienen de atrás para que lo realicen?
-En absoluto. Porque yo no tuve ningún obstáculo ni nadie me los puso para que cumpliera mis proyectos. He tenido la suerte de tener siempre consejos de administración, que eran los que mandaban, los que ordenaban, los que hacían, que nunca se negaron a algo quien yo les llevara. En alguna época he ido con proyectos revolucionarios, como fue el autoservicio, que saqué de una revista norteamericana cuando aquí era poco conocido. Mi gusto, si las posibilidades económicas hubieran sido más grandes, era hacer más y más. Pero estoy satisfecho con lo realizado, pues con ello no ha habido ningún tipo de problemas y con otros proyectos más ambiciosos no sabemos lo que hubiera podido pasar.

OTROS CARGOS

Don Salvador Scardino es delegado por la Cooperativa local ante la Asociación de Cooperativas Argentinas desde 1932, habiendo pertenecido a su Consejo de Administración entre 1944 y 1948. En su calidad de tal formó parte entre 1945-1946 de la Sub-comisión de Colaboración Económica del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación.
Desde hace unos 20 años miembro del Consejo de Administración de la Cooperativa de Seguros Generales. “La Segunda”, cargo del que quiso recientemente retirarse pero se lo impidió la votación unánime a su favor de todos los delegados del país.
En oportunidad de una visita que dos gerentes de cooperativas agrarias norteamericanas efectuaron a la A.C.A. y a la Cooperativa local, lo felicitaron por considerar los visitantes que los años de permanencia ininterrumpida en el cargo de gerente constituían un record mundial absoluto.
En representación de la entidad integró la Comisión de Relaciones Intercooperativas desde su fundación.
Participó en la fundación de la Cooperativa Agropecuaria de Carabelas, ocupando el cargo de síndico titular desde su primer ejercicio económico.
Igualmente en la creación de las cooperativas agrícolas de Ascensión y de Salto.
Fuera del ámbito agrario formó parte de la comisión organizadora de la Cooperativa de Luz y Fuerza Eléctrica de Rojas (CLYFER) desde sus inicios en la década del treinta, ocupando en la misma el cargo de síndico titular en varias oportunidades.
Fue miembro por varios períodos de la comisión del Centro Español, del que es socio honorario.
Es socio fundador del Rotary Club de Rojas, del que ha sido presidente y tesorero y es miembro del Comité de Finanzas del Distrito 488 de Rotary Internacional.

Irma Oger
21 de febrero de 1982

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© CiudadRojas, enero de 2010.