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Historias de Rojas

En un galpón con piso de tierra que hacía de salón del baile del club, comenzó a funcionar la Escuela N° 24. Una sola maestra daba clase a siete grados, actuaba como profesora de Educación Física y Trabajo Manual, se desempeñaba como maestra integradora de un alumno especial, realizaba la limpieza con ayuda de las alumnas y cumplía funciones de censista cuando las circunstancias lo requerían.

1945 - 1960

LA ESCUELA DE "LA ESTRELLA"

Escribe: Bernardo Sheridan
ynrab44@yahoo.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

Los vecinos del barrio rural de “La Estrella” trataron de que sus hijos tuvieran una buena escolaridad. La escuela más próxima quedaba a 10 km.
El inolvidable maestro Francisco Burgués Montardit viajaba algunos días a la sede del club “La Estrella” para atender alumnos particulares.
Por fin, en 1949, los vecinos consiguieron que se creara una escuela oficial que llevó el numero 24.
Se separó, mediante una lona, una parte del galpón que hacía de salón de baile. Se consiguieron pupitres escolares antiguos y un escritorio para la maestra y, lo principal, el nombramiento de la docente.
Gracias a Mirta Fullana (vecina de ese barrio y ocasional maestra suplente de la Escuela N° 24) pude conseguir la nómina de los alumnos “fundadores”. De todas maneras, después de sesenta años, es imposible que no cometa errores y omisiones en esta enumeración. Pido disculpas por adelantado.
En 1° Inferior se inscribieron Nilda y Ricardo Boveri; Luis y Alberto Malpiedi; Horacio Carnero Fortuna. En 2° grado Orlando y Héctor “Tito” Rubió”. En 3° Omar Boveri; Delía “Bebi” Goñi y su hermano Norberto; Olga Mercé; Juan Victorio Malpiedi. En 4° Carolina Teresa y lidia María Boveri; Josefa Ponzo. En 5° José Antonio “Pocho” Boveri.
La actividad continuó con otros hijos de agricultores de la zona.

EL EDIFICIO PROPIO

Con el paso de los años se hizo el edificio propio de la escuela en un terreno de enfrente, donado por la Sucesión Fortuna. Pero los alumnos eran cada vez menos porque la natalidad había disminuido y muchos chacareros se fueron a vivir al pueblo.
El viejo galpón del club fue desarmado y trasladado junto con la escuela. El almacén “La Estrella” y la herrería cerraron.
La escuela cerró por falta de alumnos.
Hoy queda el edificio de la escuela y el viejo galpón abandonados como recuerdos.

EL AULA Y LA MAESTRA

Volviendo a la vieja escuela, con piso de tierra, recordamos que lucía impecable.
Todos los días se regaba y se barría.
Los alumnos, con sus guardapolvos blancos, cuidaban su presencia porque sentían que la escuela era un lugar importante. En sus casas vestían ropa rústica y alpargatas aptas para trabajar en el campo. Desde muy pequeños ayudaban a sus padres a emparvar pasto, cortar yuyo, cuidar los animales, levantar bolsas, ordeñar vacas. Éramos chicos con manos callosas. Nos criamos en la cultura del trabajo. No teníamos ningún trauma por ello.
La única maestra para los siete grados dividía a los alumnos en ciclos, según los grados, y les daba en forma simultánea los temas del Calendario Escolar. A los temas curriculares los graduaba en profundidad según el ciclo y lograba que siempre todos los alumnos estuvieran trabajando.
La maestra era exigente. Lograba mediante numerosos ejercicios la fijación de los aprendizajes. Aquellos alumnos que pasaron a otras escuelas o siguieron el secundario comprobaron que tenían muy buen nivel.
La lectura era diaria y obligatoria.
Si un alumno no alcanzaba los objetivos del grado repetía, sin ningún trauma.
La maestra daba las correspondientes clases de Educación Física y Trabajo Manual para varones y mujeres.
Los actos escolares eran muy preparados y reunían a la comunidad de ese barrio rural.

UN ALUMNO ESPECIAL

Hubo entre nosotros un alumno con discapacidad: José Mercé. Recibió la atención especial de la maestra y el cariño de todos sus compañeros.
Desde hace unos pocos años se tiene como novedad la integración de los discapacitados a la escuela común. En la escuela de “La Estrella” se practicó hace 57 años.
Cuando había censos la maestra era censista. Ella no faltaba nunca porque vivía en pensión en la casa de la herrería o en una chacra vecina. Los veinte kilómetros de camino de tierra para llegar hasta Rojas eran demasiados para transitar en días de lluvia.

LO IMPOSIBLE.

Me imagino que algunos lectores no podrán creer que una sola maestra diera simultáneamente clases a siete grados, actuara como profesora de Educación Física y Trabajo Manual, se desempeñara como maestra integradora de un alumno especial, hiciera la limpieza con ayuda de las alumnas y censista cuando las circunstancias lo requerían.
Sobre todo porque los resultados de su trabajo en todos esos rubros fueron excelentes.
Pensarán que yo he inventado una maestra ideal. Pero esa mujer existe. Somos muchos los que le debemos un enorme agradecimiento por su tarea sencilla y eficiente. A su acendrada vocación docente. Se llama JUANA FRANCISCA CORTI.

Bernardo Sheridan
Marzo de 2011

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© CiudadRojas, enero de 2010.