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Historias de Rojas

Primero habitaron en el toldo cuadrangular hecho con cueros y luego, al hacerse sedentarios, en el rancho de paredes de barro con techo de paja. La vestimenta se confeccionaba con lana de guanaco u oveja. Las mujeres se adornaban con objetos de plata. Las enfermedades se curaban con ritos espirituales y remedios hechos con elementos naturales. Arco, flechas, lanzas, boleadoras y mazas eran las armas. Con cueros dobles hacían escudos. En el comercio, en determinadas épocas y lugares, usaban la sal como moneda de cambio.

1500-1950

LOS MAPUCHES: VIVIENDA, ROPAS, JOYAS, MEDICINA Y ARMAS

Escribe: Hugo Silveira

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

VIVIENDA

La vivienda mapuche ha ido variando de acuerdo a los tiempos y a los lugares.
Por esta región, obviamente se usó primitivamente el toldo, confeccionado con cueros y postes. Era una especie de galpón cuadrado (no como los de las películas yanquis), conformado por cuatro postes esquineros, un “orkón” central más alto, que le daba al techo desnivel para desaguar. Las paredes y el techo eran de cueros. Los relatos que nos han llegado vía familiar hablan ya de cueros de caballo, cosidos con nervios o venas de animales (caballo o choike). (Recordemos que el caballo es traído a comienzos del siglo XVI por los conquistadores, y los pueblos originarios lo adoptan).
se dejaban dos aberturas (ulnguiñ). La principal hacia el este (salida del sol) y la restante hacia el poniente.

En el centro del techo se dejaba una abertura ya que allí, pero en el piso, se ubicaba el fogón (kuchral), permitiendo así la salida del humo.

El recinto tenía divisiones, también de estacas y cueros, conformando habitaciones dormitorios, donde se ubicaban colchones (chipin) y mantas (ultu). Cada recinto era ocupado o bien por una pareja o un individuo. Eran común la ocupación de una casa por el matrimonio mayor, algún hijo casado y los más pequeños, conformado así una familia extendida.

Cuando al cabo de algún período se decidía el traslado de la comunidad hacia otro paraje, se procedía a desarmar las viviendas y llevar los elementos al nuevo emplazamiento.

Relatos de viajeros winka, señalan por el siglo XVIII situaciones similares a la descripta, avalando el seminomadismo en nuestra región.

Cuando el proceso histórico de muertes y saqueos, la gente nuestra salvada de la muerte, fue reubicada en pequeños retazos de tierra. Allí primeramente, construyeron sus viviendas de la manera tradicional pero, poco a poco, ante la nueva situación, fueron sustituyendo las paredes y techos de cuero, por paredes de barro o adobe y los techos de paja, surgiendo así la denominada pele ruka (casa de barro).

Obligados al sedentarismo, la vivienda fue transformándose y haciéndose más sólida. La casa tuvo divisiones para cocina y dormitorios (kuchralwe y umautuwe). Se incorporó otro mobiliario. Aparece el kawito (catre o cama), el wangku (banco), la mesa, las sillas (anunwe). También los utensilios son más variados y su número aumenta a medida que transcurren los años.

Se incorpora un recinto para baño (mewe), pero alejado de la vivienda (es la típica letrina o excusado que aún es usado en muchos lugares).

Aparecen los corrales (malal) generalmente hecho con postería clavada en el piso (mamull malal), destinados al ganado doméstico (ruka kullin), consistente en vacas (waka) y ovejas (ufisha) y obviamente algunos caballos (kawell).

Cambia el sistema de aprovisionamiento de agua. De obtenerla en los cursos de agua, las vertientes o las lagunas, se pasa a la construcción del aljibe (runganko).

Junto a la casa, se ubica la kechran Mapu (tierra de cultivo), donde se plantaron hortalizas, maíz (wa) y trigo (kachilla).

A medida que el tiempo ha transcurrido, muchos han emigrado por razones laborales, a centros urbanos. Allí se ha perdido el sentido de la ubicación de la casa y se han edificado según el espacio conseguido.

En la actualidad, en las dos comunidades rurales más cercanas a Rojas, ubicadas en cercanías de las ciudades de Junín y Los Toldos, las viviendas mantienen algo de lo arriba explicado, pero en general las más nuevas son de material, techo de zinc o de losa, baño interno y comodidades variadas.

En los centros urbanos, vivimos en casas o departamentos, incorporando los elementos que el denominado “confort” ha creado.
Así muchos cuentan con heladera (achreuwe), freezer (achregwe), cocina (ñizolwe), computadora (rakintuwe), teléfono (mechremwe), celular (winka kulkul), además de los muebles y los utensilios más variados.

Es decir, hoy día, una ruka mapuche urbana, es igual a las demás. Pueden haber algunos elementos característicos (ornamentos, prendas tejidas que sirvan como asentaderas, algunas plantas de hierbas medicinales,…) y en aquellas familias que van recuperando cultura, se pueden encontrar ya ropas típicas, instrumentos musicales, joyas autóctonas, que reservan para ocasiones especiales.

En el caso específico de Rojas, algunas mujeres han rescatado el trabajo en telar (wichral), que puede verse armado, apoyado en alguna pared.
Así estamos.

VESTIMENTA, JOYAS

La vestimenta tradicional mapuche y que conocemos por su permanencia en algunos lugares y su paulatina recuperación en otros es muy rica, sobre todo en las mujeres. Pretenderé describirlas lo mejor posible.

Prendas masculinas: la base es el chamal. Tradicionalmente se confeccionaba un paño rectangular con lana fina; hoy ser compra una tela gruesita, tipo paño, generalmente de color negro o azul. El ancho de la tela debe llegar desde la cintura hasta los tobillos del hombre que va a usar la prenda y el largo debe ser suficiente para dar más o menos una vuelta y media a su cintura. Hoy día se le hace un dobladillo en todo el contorno. En la cintura se la ajusta con una faja (chrariwe).

El chamal cayó en desuso cuando apareció el caballo, ya que montar con esa especie de pollera resultaba imposible. Pero nuestra gente no lo dejó del todo, sino que lo transformó. El hombre ajustó bien su faja en la cintura, se abrió de piernas y pasó la parte de atrás hacia delante, llevándola hacia la faja para sostenerla. Surgió así el chiripá.

En la actualidad se está recuperando su uso en las ceremonias.

La otra prenda básica es el poncho (makuñ) que se confecciona con lana de guanaco (luwan) los más finos o con lana de oveja (ufisha) o cabra (kapurra) los más comunes. Vale mencionar aquí al poncho calamaco (kalmakuñ) que es exclusivamente de color rojo, y al poncho de cuero (chrelkemakuñ). Otra referencia: el poncho laboreado (con dibujos) lo ermpieza a usar el varón cuando entra en su madurez sexual; previamente y desde muy pequeño, lo ha usado pero liso, sin dibujos.

El calzado tradicional (munulnamunwe) fue el mocasín (chranu) hecho originalmente con cuero de guanaco (luwan) o el shumel, una especie de zueco.

En ocasiones especiales se ha usado y se usa el chrarulonkó (vincha tejida). Hoy día sobre todo los pobladores de zonas rurales usan atuendo gauchesco.

Los mapuches actuales de los centros urbanos vestimos ropas winkas (winkatakun), salvo ocasiones especiales donde están volviendo a aparecer elementos autóctonos.

Se han incorporado al lenguaje (mapudungun) nuevos términos para designar a esas ropas impuestas.

Prendas femeninas: La principal es el kupan que se confecciona de manera similar al chamal, pero teniendo en cuenta que deberá cubrir a la mujer desde su pecho hasta los tobillos. El paño envuelve a la mujer quien pasa uno de los extremos por encima de su hombro izquierdo, ajustándolo con un prendedor. Marca su cintura con una faja (charariwe) y sobre sus hombros usa una capa (ikulla) que sostiene en el centro con un pectoral de plata o alpaca (chrapelakucha).

A veces en caso de más frío, usa un killango (ñonke) de pieles. El calzado es similar al del hombre.

Estas han sido las prendas tradicionales que se complementaban con una exquisita joyería, confeccionadas por plateros de la zona cordillerana y obtenidas por intercambio comercial.

Las joyas principales (de plata o alpaca) son el chrarulonko (vincha) el chrapelakucha) (pectoral), shikil (colgante), tupu (pinche representativo de la luna llena), pozoñ (pinche con una especie de globo en un extremo, representativo de la maternidad), iwul kuwu (anillo), chrarulipang (brazalete), charunamun (tobillera), chawai (aros), maimaitu (colgante pectoral), kulkai (collar prendido en sus extremos a la altura de los senos), entre otras varias.

Se puede inferir que el atuendo ha sido sumamente rico y variado. La conquista arrasó con todo, puesto que tras las matanzas, las joyas eran robadas y hoy podemos verlas en colecciones privadas (sobre todo en familias de estancieros) o en museos.

En nuestra zona, recién ahora puede verse a algunas mujeres con alguna “platería” en las ceremonias o en encuentros especiales.

ATENCIÓN A LAS ENFERMEDADES

Es básico en la cultura mapuche, que siendo “gente de la tierra” se viva en armonía con la naturaleza.

De ahí que el concepto de enfermedad signifique un desequilibrio del ser humano con el entorno que lo rodea. En consecuencia, que hay que recurrir a armonizar a la persona con su medio ambiente.

Hoy todo lo ha cambiado el hombre blanco, con su destrucción y contaminación de la naturaleza y con la aparición de nuevas enfermedades.
Tradicionalmente se han practicado dos formas principales de curación: el machitun y el lawentun.

La primera forma de curación ha estado siempre a cargo de la machi o del machi que son personas capacitadas para diagnosticar qué le sucede al enfermo. Se coloca al afectado sobre una manta o colchoneta sobre el piso y en torno de él se ubican el o la machi con sus ayudantes (zungunmachife) y familiares y amigos. La ceremonia es muy compleja y puede durar, con intervalos, uno o dos días o a veces más. Con todo un ritual muy profundo, el o la machi llegan a otra dimensión espiritual y logran determinar que mal afecta al paciente y de qué manera actuar. Todos tienen un rol a cumplir acompañando con instrumentos musicales al sonar del kultrún (especie de tambor con una sola membrana) que ejecuta el o la machi mientras entona cantos especiales. Por momentos hay bailes determinados, aspersiones con yerbas medicinales (kachu lawen) y gritos de fortaleza (afafan).

Una vez determinado el mal, se procura retirarlo del enfermo. Logrado el objetivo la actividad concluye. A veces se complementa con recetas de algún medicamento natural.

El lawentun (a cargo e lawentuchefes), consiste en diagnosticar el mal que aqueja al enfermo a través de la sintomatología y, a veces, usando un sapo (lafachra) como una ayuda invalorable. He visto hacerlo en Los Toldos, por doña Margarita Meliú. Aquí, para extraer el mal y reinstalar el equilibrio se usa el remedio natural en base a hierbas o minerales.

Estas prácticas que fueron usuales durante miles de años, fueron perseguidas por los winka, tildando a nuestros sabios, de brujos o hechiceros o de curanderos o practicantes “ilegales” de la medicina.

Así, con esos conceptos, era práctica general durante la conquista, eliminar a las/os machi y a los lawentuchefe a fin de aniquilar la parte espiritual más profunda e imponer tras ello prácticas religiosas católicas y de medicina “occidental”.

Hoy día, no tenemos en nuestra zona a machis. Sí se han mantenido lawentuchefe que incluso han sido reconocidos en su trabajo por el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires y ejercen su tarea con total libertad.

GUERRA, ARMAS

Sin entrar en las consideraciones históricas, en todos los pueblos y entre los pueblos han existido y con seguridad seguirán existiendo, diferencias que muchas veces se dirimen en disputas armadas.

El pueblo nación mapuche también se vio inmerso en cuestiones bélicas. Alguna vez fue con los incas y las más de las veces con los invasores europeos y sus sucesores argentinos y chilenos.

En los años previos a la aparición de los winka, las armas usadas eran:
Arco: wepull. Construido con una rama flexible. En la zona cordillerana hemos sabido que se hacían con caña koliwe.

Boleadoras: lake. Se confeccionaba de una (kinchimlake), dos o tres bolas, sujetas con trenzas de tientos o bien con tendones de choike (avestruz). La habilidad de quienes las usaban fue incluso destacada por cronistas extranjeros. Cuando se incorporó el caballo fue más efectiva aún. He visto piedras de boleadoras (lake kura) lisas y con una canaleta; las lisas eran revestidas en cuero a cuyo extremos se le ataban las trenzas de sujeción, a las acanaladas se les ataban las trenzas pasándolas precisamente por esa hendidura.

Cachiporra: lonkokillkill. Era una especie de maza tanto de piedra como de algún nudo de madera muy dura.

Escudo defensivo: tanana. Se confeccionaban con cueros doblados sobre sí o bien con cueros superpuestos, los que convenientemente curtidos y cosidos cubrían desde el cuello hasta las rodillas incluyendo los brazos. Eran muy resistentes e incluso sirvieron también cuando los invasores incorporaron armas de fuego.

Flecha: pulnki. Se hacían con caña koliwe bien recta y sus puntas eran de piedra o de huesos a los que daban forma triangular alargada. Se han encontrado piedras muy bien trabajadas con bordes dentados y muy afilados. Las piedras usadas para esos fines variaron según la zona y se las ven de cuarzo, obsidiana, sílex…

Hacha: toki. Era un símbolo muy fuerte, ya que con esa denominación se designaba a los jefes guerreros. Se hacían de piedra, dándoseles la forma de hacha que todos conocemos, haciéndoles una canaleta por la que pasaba el tiento que la unía a un cabo de madera dura.

Honda: wichrunwe. Se confeccionaba con una horqueta de madera dura de un tamaño mayor a las que aún se usan en pueblos y zonas rurales.

Lanza: waiki. Para su confección se usaba una caña de 5 o 6 metros de largo, en cuyos extremos insertaban una piedra triangular larga, sumamente afilada en sus bordes. Cuando conocieron el hierro, comenzaron a usarlo en reemplazo de las piedras.

Maza: kumpa. Se hacía buscando en la zona cordillerana ramas con nudos. Precisamente el nudo era el elemento de golpe y la rama la asidera.

Cuando los invasores traen caballos y armas de fuego los enfrentamientos se hicieron más difíciles. Pero rápidamente nuestra gente adoptó al caballo de una manera muy especial conformando una unidad sumamente estrecha y de mutuo entendimiento y se valió de nuevas astucias para la defensa de sus tierras.

Rescato aquí un dicho popular que dice “irse al humo” cuando alguien acude o reacciona inmediatamente frente a una determinada circunstancia. Esto surge justamente de los enfrentamientos con los soldados (Chapi) que traían fusiles que, tras una estampida en la que se producía humo, debían recargarse. Ese tiempo entre la humareda y la recarga debía ser aprovechado por nuestra gente para atacar al enemigo.

En los tramos finales de la defensa, nuestra gente también incorporó las armas de fuego, obtenidas como trofeos o cambiándolas con los mercaderes de la guerra que las ofrecían en las comunidades a cambio de favores o de elementos de valor. Así podemos nombrar a estas nuevas armas:

Arcabuz y similares españoles: chukel
Cañón: chralkarita
Ejército enemigo: linkon
Fusil: chralka
Tiro o disparo de arma de fuego: chralkatun

COMERCIO

Desde que se tiene memoria, el comercio fue frecuente entre distintas comunidades mapuche y también con otros pueblos.

Lo más habitual ha sido el trueque (chrafkintu), es decir el intercambio mutuo. Así, por ejemplo sabemos de la importancia de la sal (chazi), que era obtenida precisamente por los salineros (chaziche) o gente de las salinas, ubicadas en lo que hoy es el oeste de la provincia de Buenos Aires y el sureste de La Pampa.

Obtener sal a cambio de pieles, platería, tejidos, era habitual. Esa zona, con el Carhué (Karwe) como un punto importante de referencia, fue un centro comercial de relieve, al que acudían representantes de comunidades a los efectos de negociar.

A su vez, sabemos que obtenida la sal, el vital elemento servía en algunas ocasiones como moneda de cambio, poniéndose precio a algunos objetos, en base a cantidades predeterminadas de sal.

Por la zona cordillerana, se habían creado una especie de moneda. Consistían en piedras agujereadas denominadas llanka, a las que se les había asignado un valor consensuado previamente.

Conociendo este sistema, los invasores militares y religiosos fueron acompañados por mercaderes de vicios. Entonces era común que ellos ofrecieran vino, aguardiente y otros elementos, a cambio de lo que podían obtener de nuestra gente. Todo el proceso conocido, concluyó con esta organización.

Hoy día se usan las monedas de los dos países superpuestos a nuestro territorio (Argentina y Chile), aún cuando esporádicamente aparece el trueque, sobre todo en la zona sur (por ej. cambiar ovejas por leña).
Por otra parte, hay gente nuestra que tiene comercios e industrias enmarcadas en los hábitos y exigencias de la sociedad winka.

Hugo Silveira
Abril de 2010

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© CiudadRojas, enero de 2010.