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Historias de Rojas

El desarrollo de la agricultura trajo consigo a un fornido artesano imprescindible: el herrero que picaba las rejas y reparaba herramientas. Frecuentemente era también carpintero y se lucía arreglando desperfectos en carros y sulkys. En algunos casos, hasta los construía.

1890 - 1970

EL HERRERO

Escribe: Adolfo Crosetti
adolfocrosetti@gmail.com

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

La figura del herrero estaba fuertemente ligada al campo en los tiempos fundacionales de la agricultura. La picada de rejas, que se realizaba calentando al rojo vivo un pedazo del filo de esa pieza de acero y estirándola a martillazos, calentándola nuevamente, estirarla y así seguía hasta completar. Finalmente se templaba en agua. Además de las rejas del arado, se picaban las de escardillas y aporcar. Algunos chacareros, si tenían tiempo, picaban sus rejas. Pero esto no afectaba a los herreros porque, en general, ese trabajo les sobraba.

No existían máquinas soldadoras, por lo tanto esa operación se hacía en forma artesanal, mediante el CALDEADO, que consistía en calentar al rojo blanco la parte de las planchuelas a unir, encimarlas en la parte preparada y fraguarlas a martillo.

Los herreros-carpinteros fabricaban en forma artesanal desde un vehículo liviano como un sulky araña o uno de porte como una chata de fletear con tren delantero, como un acoplado. La rueda de estos vehículos era armada con muchas piezas de madera que debían ensamblar a la perfección, caso contrario ellas no servían. Sulkys, breques y jardineras se entregaban pintados y fileteados.

La figura del herrero accionado la manija de un gran fuelle para avivar la llama de la fragua, cuyo combustible era el carbón de piedra, transcienden el tiempo. El sonido del martillo sobre el yunque se oía a cientos de metros y la cadencia de los golpes tenía cierto hálito musical.

José Alberto Ghezzy (Bepo) narrador-caminante describe en la revista “Todo es Historia”: “Se llamaba Fiorito y era el herrero de Hunter, pequeña población del partido de Rojas, lo llamaban “el despertador de Hunter”. Todas las mañanas a las cuatro, Fiorito comenzaba a afilar rejas de los arados, desde el día en que, inesperadamente, tuvo que hacerse cargo de la herrería de su padre, cuando este cayó muerto de un síncope sobre el yunque”.

Como seguramente llamará la atención el madrugón del herrero, consultamos con Noel Calderón, integrante de una familia de carpinteros, actualmente retirado del oficio, y nos expresó lo siguiente: “Con Fiorito desarrollé mi primer empleo, allá por los años ’48 a ’50.” Lo que dice Bepo es correcto, Fiorito abría el taller entre las 4 y las 4.30 de la mañana, donde lo esperaban pilas de rejas.”

También hay un detalle, y es que el fresco de la madrugada amortigua el calor de la fragua. La jornada era de diez a doce horas de trabajo. Debo agregar que en Hunter, había otro herrero de apellido Silenzo que también tenía mucho trabajo.

Luis Ferrero se inició como constructor de carruajes en 1898, actividad que continuaron sus hijos. En 1904 Herminio Bicocca funda el taller “El Centenario” en el que construía vehículos y desarrollaba actividades anexas. En los años ’30 construyeron una torre abulonada y autoportante en cuya cúspide colocaron una luminaria que se destacaba por ser la mas alta de Rojas. En los ’40 y ante la escasez de hierro a raíz de la Segunda Guerra Mundial, la tuvieron que desarmar.

En la ciudad cabecera tuvimos la herrería de los hermanos Martínez, también constructores y en las poblaciones del interior del partido, por más pequeña que fueran, siempre existía un herrero-carpintero que reparaba (o construía) vehículos y enllantaba ruedas.

En la actualidad se nota un profundo cambio. Ya no se utilizan rejas, la tracción animal no existe, la rueda artesanal tampoco. Modernas maquinas con computadoras nos muestran un mundo sorprendente ¿es mejor? Diríamos que si el progreso es avance, es mejor. La gente ¿es más feliz? Ese es otro tema. Cada uno vive simplemente el tiempo único, irrepetible de su generación.

Adolfo Crosetti
Abril de 2010

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© CiudadRojas, enero de 2010.