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Historias de Rojas

Radicales, socialistas, forjistas, republicanos, conservadores disidentes, anarquistas, comunistas y fascistas, se alinearon tras el ideal cooperativista. Se vieron obligados a enfrentar a las autoridades de la “década infame” y –sin proponérselo- llegaron a una lucha patriótica contra el trust internacional de la electricidad.

1933 - 1943

LA IDEOLOGÍA DE LA EPOPEYA DE CLYFER

Escribe: Jorge Alessandro
joralessandro@yahoo.com.ar

(Haciendo clic en las palabras subrayadas se obtiene mayor información)

De la descripción de los hechos que configuraron lo que se recuerda como el movimiento de lucha por la Clyfer, resulta que en principio ellos fueron desencadenados por una suerte de mancomunión de intereses colectivos, que giraron en torno al descontento por el precio y calidad de los servicios eléctricos que por entonces brindaba en Rojas una empresa privada.

Del mismo modo, se reconoce que en base a esos intereses comunes, se fue perfilando un conflicto que se extendió por un lapso prolongado de casi diez años y durante el cual se conformó y organizó un vasto movimiento popular; una amplia transversalidad social, abarcadora de la gran mayoría de la población, que protagonizó los episodios aquí narrados.

Sin embargo, creo que a poco de indagarlos un poco mas profundamente, aparecen también ciertos elementos de orden interno, que considero no han sido hasta hoy debidamente cotejados y sin embargo fueron contribuyendo a moldear el estado de ánimo social. Ellos se relacionan directamente con las distintas pertenencias de índole política e ideológica de varios de sus protagonistas y en particular de los dirigentes sociales que lo lideraron. Por ello considero deben ser incorporadas al relato de los hechos, como un complemento insoslayable que, entiendo, enriquece su análisis.

En ese sentido resulta indudable la notoria influencia del pensamiento cooperativista, legatario de los conceptos y reglas de los “probos pioneros de Rochdale”, en la propuesta de constitución de la Clyfer como alternativa a la empresa privada. Ello de la mano del progresivo desarrollo cooperativo en general y eléctrico en particular operado durante ese período, tal como ha sido aludido en su oportunidad. La incidencia en ese sentido del reconocido dirigente cooperativo Celestino Sienrra y el apoyo de otros pares de la región y locales, como Salvador Scardino, así lo avalan.

Si bien como doctrina el cooperativismo no representa una postura política, mucho menos se plantea la lucha por el poder, ni siquiera el acceso al gobierno, es indudable la importancia que la cuestión social reviste para el cooperativismo, que por lo demás plantea un profundo cuestionamiento a los conceptos capitalistas de lucro y competencia, en aras de las ideas de cooperación y solidaridad.

Por lo tanto la adopción de la cooperativa como instrumento organizacional y figura jurídica sobre la que se asentó la nueva institución, revela la fuerte influencia que el pensamiento cooperativista ejerció sobre los protagonistas del movimiento popular en Rojas, en particular sus principios de solidaridad y colaboración mutua. Aunque entiendo que mucho gravitó también la idea de contar con una institución de raigambre popular de carácter independiente y autónoma respecto de los grandes intereses económicos, fundamentalmente extranjeros.

Por otro lado y desde una perspectiva política, no escapa que la mayoría de los protagonistas estaban enrolados en posiciones nítidamente enfrentadas al “régimen” gobernante.

En tal sentido era conocida en Rojas la filiación radical del por entonces infatigable miembro de la Comisión de Defensa y luego Secretario del Directorio de la Clyfer, el excelente orador Sr. Ricardo González.

Del mismo modo la posición firmemente opositora del Dr. Maximiliano Puerta, un español reconocidamente antifranquista, presidente honorario de la agrupación rojense “Amigos de la España Republicana” y consecuentemente anticonservador, cuya ferviente prédica, en su condición de presidente de la “Asociación de Amigos de la Ciudad”, representó un estímulo permanente a la lucha popular. A él precisamente atribuye la tradición oral aquella afirmación :“Con débiles y timoratos no vamos a ninguna parte..” expresada en momentos de incertidumbre respecto del futuro de la Clyfer.

Merece también destacarse la actuación de varios simpatizantes socialistas como los señores Luis Busalleu y Pelayo Labrada, quienes ocuparon la Secretaría y Pro secretaría del primer Consejo de Administración de la Clyfer, o el reconocido dirigente Hermidio Pérez, respaldados indudablemente en el apoyo que brindó a la causa rojense el diputado nacional del mismo partido, Manuel Bessaso.

Lo propio ocurrió con los pocos adherentes al anarquismo existentes en Rojas, como Horacio Aguer y Juan Bautista Santoro, tributarios del movimiento libertario internacional, seguidores del pensamiento de Bakunin y Kropotkin, tuvieron una importante presencia, similar a la de dos jóvenes comunistas como Manuel E. García y Jorge González Olla, quienes participaron con mucho entusiasmo, sumándose desde el llano a la gesta popular.

Por su parte, también tuvieron una activa participación durante el conflicto los miembros rojenses de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), de la mano de su máximo dirigente, Julio Darío Alessandro. Aquel rubiecito flaco y fogoso de encendida oratoria según en mencionado relato de “Tuto” Rodríguez.

Para estos, el conflicto se enmarcaba claramente en la denuncia que la agrupación sostenía desde su creación en junio de 1935 ante lo que consideraba el abandono por parte del gobierno de la soberanía nacional “..entregando las facultades esenciales del Estado a las empresas extranjeras que explotan el crédito, los servicios públicos, la agricultura, y la ganadería del país..”, en su mayoría de origen Inglés. En consecuencia, su activismo en el movimiento popular fue guiado por esos conceptos, que en el orden nacional eran recogidos por los Cuadernos de Forja, donde escribían, entre otros Arturo Jauretche y Raul Scalabrini Ortiz, y que en Rojas reproducía la revista Forjando, editada bajo la dirección de Edgardo Damián Alessandro.

La posición del radicalismo, en tanto, quedó claramente expresada por conducto del dirigente local, Dr. Lorenzo Sábato durante el acto de proclamación de la fórmula electoral partidaria para las elecciones provinciales de febrero de 1940. Al referirse a la cuestión de la cooperativa, el candidato a primer concejal, sustentó el criterio de dar la pelea “dentro de la ley”. Conforme a la opinión periodística ya citada de Rodríguez, asombró aquella posición legalista cuando el reclamo popular estaba masivamente orientado en dirección de la derogación de la ley provincial regulatoria del sistema eléctrico. De todos modos aquella circunstancia para nada desmereció la importante actuación que tuvieron en el conflicto hombres identificados con la UCR.

El contraste se puso más en evidencia en el año 1944, cuando fue designado comisionado municipal al militante de la UCR Luis A. Pereira que duró solo tres meses en el cargo pero, no obstante ello, logró formalizar un consorcio de la municipalidad con Clyfer que solucionó graves problemas económicos de esta última.

De este modo, a primera vista parecería que la alineación político ideológica era muy nítida, entre posiciones conservadoras y anticonservadoras. Pero en realidad no fue claramente así en esa amplia diversidad que apoyó al movimiento popular, ya que hubo algunos casos excepcionales. Tal es el caso de Cayetano De Plácido, un italiano admirador de Benito Mussolini, de quien se recuerda haber liderado el grupo de pro fascistas rojenses y sin embargo apoyó decididamente el movimiento popular. En tal sentido ocupó en 1934 el cargo de Vicepresidente de la Comisión Provisoria de la Cooperativa de Luz y Fuerza y además la tradición oral le adjudica haber sido quien propuso en la asamblea fundacional de junio de 1934 el nombre finalmente adoptado por la Clyfer.

Otro caso emblemático, por la influencia social que tuvo, fue el del Padre Pedro Silván, un andaluz que se desempeñó como cura párroco en Rojas desde 1898. Ferviente monárquico y presidente de la filial local de los “Legionarios civiles de Franco”, no se lo recuerda apoyando el movimiento pro cooperativa eléctrica y por el contrario, he recogido repetidos testimonios de su decidido apoyo al gobierno conservador. La muestra más emblemática de aquel respaldo fue su autorización para la instalación, durante los comicios y en apoyo del fraude electoral, de una amenazante ametralladora en la torre de la Iglesia..

Adviértase que durante la década del 30 la Iglesia Católica de Argentina se posicionó fuertemente como aliado del poder político, recibiendo por lo demás un fuerte espaldarazo de las autoridades del Vaticano. Posiblemente el episodio mas emblemático de aquella relación fue la elección de nuestro país como sede del XXXII Congreso Eucarístico y la presencia del Cardenal Eugenio Pacelli, quien sería tiempo después elegido Papa.(Pío XII). Este hecho, entre otras consecuencias, tuvo incidencia en el sistema educativo ya que representó un fuerte espaldarazo que habilitó a los sectores católicos a iniciar una contraofensiva para incorporar la educación religiosa a las escuelas públicas, modificando así el perfil que le había dado desde fines del siglo el sector o fracción liberal de los grupos dominantes.

Aunque quizá la actuación aparentemente más contradictoria fue la cumplida por el diputado nacional de origen conservador Dr. Vicente Solano Lima, quien se convirtió en asesor letrado de la Clyfer. Posiblemente su activa participación, se explique en el enfrentamiento que mantenía con las autoridades municipales y provinciales, en el marco de las disputas políticas internas que conmovieron en esa época al partido conservador de la Provincia de Buenos Aires.

Finalmente, considero que varias características que rodearon los episodios aquí relatados permiten otorgarles la calificación de verdadera pueblada, orientada a confrontar con las decisiones de las autoridades públicas vigentes en ese momento, destacándose:

  • La masiva participación de la población que contó con la adhesión mancomunada de comercios, industrias, gremios, instituciones sociales culturales y deportivas.
  • El tono radicalizado y desafiante de los discursos sostenidos tanto en actos callejeros o asambleas, como en los comunicados y mensajes difundidos.
  • La huelga general por tiempo indeterminado.
  • Movilizaciones de gran masividad, que en su recorrido extendieron el itinerario de la protesta a distintos lugares de la ciudad.
  • Recurrentes mitines y actos callejeros con presencia de figuras públicas de variado signo político opositor.
  • Ejercicio de la acción directa, mediante la rotura de luminarias públicas y presencia frente a los domicilios de dirigentes oficialistas (hoy se lo llamaría escrache) y en las instalaciones del Mercado Municipal para intentar “disuadir” a los empleados públicos que lo mantenían en funcionamiento.
  • Cuestionamiento al poder, recurriendo para ello a la simbología política, mediante la quema pública de figuras iconográficas, a través de las que se representaba al oficialismo de turno.
  • Acciones reveladoras de claros niveles de organicidad, alternados con expresiones de participación popular más espontánea, articulados con el ejercicio de la democracia directa, representada por la consulta permanente al pueblo, o al menos a sus representantes sociales, antes de la adopción de nuevas medidas de lucha.
  • Una enérgica represión policial, complementada además con la presencia de elementos civiles armados, afines al gobierno, de neto carácter parapolicial.
  • Contenido popular de la lucha, aspecto asumido no solo por el propio discurso de sus protagonistas, sino también por la prensa local, regional y nacional, tanto al describir las modalidades del movimiento que la impulsó, como al reconocer el destinatario final de sus resultados.
  • Si bien la demanda que sostuvo el movimiento popular tuvo un origen local, no obstante, alcanzó una notoria repercusión regional y su influencia sobre la vigencia del movimiento cooperativo trascendió largamente los meros marcos locales.
  • Tampoco puede resultar ajeno a este análisis, que los episodios aquí narrados se desarrollaron en un período particular de la vida nacional. Imposible soslayar que a partir del golpe militar del 6 de setiembre de 1930, que derrocó al gobierno de Hipólito Irigoyen, dio inicio una etapa en la que se afianzó el sometimiento a los intereses imperialistas, que con justicia fue designado como la “década infame”.

En ese marco debieron manejarse los distintos protagonistas e impulsores del conflicto, cuya conducta estuvo indudablemente orientada no solo por su por su condición de vecino, sino, como ha sido señalado, a partir de su propia mirada sobre la realidad nacional.

Por todo ello considero que el desarrollo del conflicto y fundamentalmente su desenlace, trascendió los propósitos iniciales de sus impulsores, varios de los cuales tan solo lo concibieron como un mero reclamo de corte local para abaratar y hacer mas eficiente el servicio eléctrico. Con el tiempo y logrando progresivamente la mejor comprensión del vecindario, aquel se fue convirtiendo en una demostración de enfrentamiento al trust internacional de la electricidad, lo que objetivamente le confirió un alto contenido antiimperialista. Es que en ese sentido, si bien el mercado eléctrico de poblaciones como las de Rojas era posiblemente de una entidad relativa frente a la magnitud de las empresas dominantes, el peligro radicaba en que fuera un antecedente que se extendiera a las grandes ciudades. Por eso la resistencia empresaria, en indudable connivencia con las autoridades.

Todo lo cual, a mi entender, confiere a los hechos narrados el carácter de verdaderos precedentes, aunque en un contexto político ideológico relativamente diferente, de las movilizaciones y jornadas de mayor envergadura y mucha mayor repercusión histórica y política, sucedidos en décadas posteriores.

De allí la importancia de rescatarlos, cuando habiendo pasado casi setenta años han permanecido ausente de los grandes relatos.

Jorge Alessandro
Abril de 2010

Este texto corresponde al capítulo “Consideraciones finales”
del trabajo realizado por Jorge Alessandro, titulado
“Sombras rebeldes- Rojas y la huelga larga”. (Febrero de 1940).

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© CiudadRojas, enero de 2010.